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Conferencia Nobel. Universidad de las Américas – Puebla. PDF Imprimir Correo electrónico

Cuauhtémoc Cárdenas


Agradezco a la Universidad de las Américas – Puebla la honrosa distinción de la que me ha hecho objeto al invitarme a participar en esta Conferencia, distinción que doblemente agradezco por compartir el foro con el Dr. Douglas Osheroff, quien fuera distinguido con el Premio Nobel por sus destacados trabajos científicos en el campo de la física.

Cuando recibí la invitación de la Universidad de las Américas y vi que se trataba de la Conferencia Nobel de esta Universidad y que se recibiría el mensaje del Dr. Osheroff, un hombre dedicado por entero a la ciencia, involucrado en cuestiones de alta complejidad y casi incomprensibles para un mortal común y corriente, pues yo al menos, hasta que traté de enterarme quien era y qué había hecho el Dr. Osheroff, nunca había leído o si quiera escuchado que existiera algo así como la superfluidez del helio-3, la localización de electrones en sistemas unidimensionales desordenados, el enfriamiento de muestras por desmagnetización nuclear adiabática del cobre o el enfriamiento Pomeranchuk, y por descontado se da que no sé a dónde conducen las investigaciones sobre todas estas cuestiones, por lo que, como decía, al recibir su invitación y empezar a enterarme quien era y qué había hecho el Dr. Osheroff, me saltó la pregunta de por qué se me invitaba a compartir este foro con él.

Una respuesta que encontré es que en nuestras actividades cotidianas nos movemos en mundos muy distintos, que aparentemente nada tienen que ver entre sí: él, en el de la investigación, la ciencia dura, el encierro en el laboratorio y el trato regular y principal con colegas científicos y estudiantes avanzados; yo, por el otro lado, en la política militante, en la lucha por la igualdad y la democracia, y en vez del laboratorio y la cátedra, los encuentros con la gente, el manifiesto, la protesta, las campañas, la organización social, las propuestas. Actividades de uno y otro que se dan en medios que aparentemente nada tienen que ver entre sí, aunque viéndolo bien, bien entendidas, la ciencia y la política o la política y la ciencia, se complementan y se necesitan la una a la otra, y bien practicadas, se potencian entre sí.

Encuentro también, debo decirlo, coincidencia en los propósitos íntimos y últimos de nuestras vidas, que en ambos casos son los de buscar, por los caminos muy distintos que cada uno ha escogido y seguido, el progreso y el bienestar de la humanidad y en particular los de nuestros respectivos países.

La ciencia se alimenta en buena parte de la política por las leyes específicas que se dictan, los presupuestos, los apoyos y estímulos que se le destinan o se le dan por los gobiernos y/o los parlamentos, que son más importantes cuando éstos, más allá de visiones y compromisos burocráticos, entienden e impulsan los beneficios que la ciencia puede dar a la sociedad, al país, al mundo, etc., y los activos que esos beneficios pueden representarles, incluso de manera directa, en su calidad de gobiernos y cuerpos legislativos. Una de las medidas mejores para saber qué tanto se apoya y se cree en la ciencia desde los medios oficiales, es ver cómo y con cuanto se apoya a la educación en general, que es el sustento primario de la ciencia, la educación superior en particular, así como el desarrollo tecnológico y la investigación científica, tanto en sus modalidades de ciencia aplicada como de ciencia pura y dura.

Muchos de los avances que reconocemos a la ciencia, muchos de los beneficios que válidamente consideramos haber recibido o estar recibiendo de ella, tienen su origen en decisiones políticas que determinaron investigaciones e influyeron en los rumbos que tomó la ciencia, buscando finalidades destructivas. Así, investigando para desarrollar armamentos de gran complejidad tecnológica y alta capacidad destructiva se llegó a los usos pacíficos de la energía nuclear, a los transistores que hicieron posible la existencia de nuestras computadoras actuales, los plásticos de alta dureza que hoy utiliza la industria automotriz, la fibra óptica que constituye “los caminos” del internet, los lasers que permiten operaciones oftalmológicas antes impracticables y muchos adelantos más, aunque, lamentablemente, para llegar a ellos hubo que pasar por las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki y los millares de muertes que provocaron y tantos y tantos desastres más, que gobiernos conscientes y científicos comprometidos con la vida, la paz y el progreso pudieron haber evitado.

La ciencia, entonces, ha estado, a lo largo de la historia, condicionada en muchos sentidos por las decisiones políticas y por los caminos que éstas le han señalado para su desarrollo. Todo político dirá siempre que busca el bien de todos, de propios y extraños. Ninguno, en ningún momento, reconocerá que con su acción busca dañar a un sector determinado de la población, a una región o a otra nación, aun quienes han desencadenado acciones altamente destructivas y sangrientas en todas las épocas, se han justificando declarando que han tratado de prevenir daños mayores a los que han ocasionado o que con lo destruido han generado beneficios mayores a lo perdido en lo material o incluso respecto al costo en vidas segadas.

Pregonando la paz, la protección a la vida y la democracia se han desatado muchas guerras. En base al supuesto de tratar de prevenir la guerra, aplicando las teorías de la guerra preventiva, se han diezmado pueblos, se han destruido naciones enteras y se han impuesto feroces dictaduras. En nombre de la paz se ha alimentado y se alimenta la industria de la guerra y para ello se estimula el trabajo de importantes equipos científicos.

En una universidad, más que en ninguna otra parte, debe dejarse muy claro que una política bien entendida y bien instrumentada, así como una ciencia bien entendida y bien instrumentada, empiezan por tener finalidades pacíficas y constructivas y si se trata del progreso de la humanidad y del desarrollo de un país, por asignar un papel prioritario a la educación y a todo lo que se relaciona con ella, por tener claro que la educación, además de constituir el cimiento mismo de la ciencia, cumple un objetivo fundamental de equidad social y que garantizar a todos, en las edades que corresponden, aprender y prepararse dentro del sistema educativo, es responsabilidad elemental de todo gobierno.

Es importante dejar claro también, que una educación universal y de calidad constituye factor decisivo del crecimiento económico, del progreso general y el bienestar de la gente, y que un sistema educativo cumplirá mejor respecto a estos objetivos, en la medida en que garantice a todos el acceso y permanencia en todos los grados, desde el jardín de niños hasta los postgrados, con la sola condición de que se satisfagan los requisitos académicos, y en la medida también de su adecuada integración y complementación con los sistemas de investigación científica y desarrollo tecnológico.

Más claro está, desde luego, que del político no basta con el dicho, si éste no se corresponde con el hecho, así como me imagino que para el científico no basta con la hipótesis o la teoría, si ésta no se verifica con lo que la realidad pueda mostrar.

Es frecuente escuchar a voceros oficiales decir que se apoyan la educación, la ciencia y la investigación, cuando al mismo tiempo, lo hemos visto en el caso de nuestro país, se dan recortes a los presupuestos de las universidades o nos encontramos con noticias de que no se dispone de cupos suficientes en las preparatorias o en ciertas escuelas o facultades profesionales y se rechaza a cientos o a millares de jóvenes aspirantes a formarse dentro de nuestro sistema educativo, cuando vemos que los apoyos a la ciencia o los montos que se destinan para becas para estudios superiores y de postgrado representan porcentajes reducidos en los presupuestos oficiales, cuando los apoyos a la investigación se condicionan a trámites y calificaciones burocráticas, muchas veces en función de estándares extranjeros, o que esos apoyos se desentienden de los tiempos requeridos o las condiciones que exige la actividad misma para alcanzar resultados efectivos.

En nuestro país es sin duda indispensable elevar el gasto en ciencia y tecnología, que independientemente de cifras absolutas, varió, entre 1990 y 2007, de representar 0.28 al 0.36 del producto interno bruto, así como el de la educación superior, en la que el gasto federal por alumno, sin tomar en cuenta las fuertes diferencias que existen de institución a institución, a precios constantes del 2007, fue de $38 593 en el 2000 y de $ 36 474 el año pasado, pero esos aumentos presupuestales, que debieran aprobarse, no darían resultados óptimos si no empezamos por el principio, que es cumplir de manera efectiva y lo más pronto posible con el mandato de la Constitución, que establece que todo mundo debe cursar obligatoriamente la primaria y la secundaria y hoy, alrededor de 2 millones de niños ni siquiera pisan un aula escolar, de 100 que ingresan a primaria sólo 15 concluyen la preparatoria y unos 6 son los que terminan algún programa de educación superior.

Frente a esta situación, un primer esfuerzo que debe llevar a cabo tanto el Estado como la Nación, esto es, todos nosotros, es lograr que todos, y de manera principal niños y jóvenes, cumplan con el mandato constitucional, lo que requiere de más escuelas en todos los niveles, más aulas debidamente equipadas de acuerdo a las técnicas modernas de la educación, más maestros, maestros mejor pagados y cada vez mejor preparados y cupos mayores con la distribución territorial necesaria, no sólo en primarias y secundarias para cumplir con lo que la Constitución manda, sino también en jardines de niños, en escuelas de enseñanzas especiales, en las técnicas, preparatorias y en nuestras universidades, en las que debe fortalecerse además su capacidad de investigación para que sirvan y apoyen mejor el desarrollo del país.

El Dr. Osheroff nos ha hablado de las perspectivas que puede abrir la investigación científica en las vidas de jóvenes estudiantes como ustedes y de lo mucho e interesante que nos ha dicho podemos vislumbrar también que dedicarse a la ciencia, más allá de los logros personales, tiene valiosas repercusiones en nuestro entorno social, en las posibilidades de desarrollo de nuestro país, en los servicios que se pueden prestar y en las oportunidades que se pueden ofrecer a los demás.

Ustedes, en un país de desigualdades y carencias para la mayoría de la población como es el nuestro, están teniendo el extraordinario privilegio de formarse profesional y humanamente en una universidad. Esta oportunidad les establece la obligación de aprovecharla estudiando y preparándose con solidez en la disciplina que han escogido, simplemente para así contar con mayores capacidades para servir mejor y corresponder al esfuerzo que en su favor han hecho sus padres, familiares y amigos, corresponder también a su universidad y a sus maestros, a esta ciudad de Cholula, a Puebla y a nuestro país.

La política no debe serles ajena. No me refiero a que militen en un partido político o a que hagan una carrera en la política activa. Esta puede ser, en un momento dado, una de las alternativas que se les presenten en la vida, aunque no es éste, desde luego, el momento para decidir qué hacer de llegar a presentárseles esa eventualidad.

En lo que sí creo que tengan que pensar, como responsabilidad adquirida por su paso por la universidad, es en participar activamente, desde las trincheras que dispongan –y eso será hacer política y hacer política de la buena-, por contribuir para que se terminen las desigualdades, las injusticias y las marginaciones, en México y en el mundo, porque México decida sus destinos con pleno ejercicio de su soberanía, sin la intromisión de intereses ajenos a los de los mexicanos, porque construyamos una democracia cada vez más amplia y participativa, porque no se rompa más la paz entre los pueblos y acabe la violencia internacional, por erradicar toda forma de corrupción y delincuencia, por preservar y elevar la calidad de nuestro entorno natural y por la vida, por la vida en todas sus manifestaciones.

Y gracias nuevamente por la oportunidad de estar en esta Universidad de las Américas - Puebla, por la distinción de haber compartido este foro con el Dr. Osheroff y por convivir y compartir estos momentos con todos ustedes.