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Discurso de Félix Hernández Gamundi en la entrega del Premio Amalia Solórzano 2016 PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 04 de Octubre de 2016 13:43

Félix Hernández Gamundi


Félix Hernández Gamundi y Enrique Fassnacht

INSTITUTO POLITÉCNICO NACIONAL

PREMIO AMALIA SOLÓRZANO DE CÁRDENAS 2016,

PALACIO DE MINERÍA

CIUDAD DE MÉXICO.

Septiembre 29 de 2016

Agradezco al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano la oportunidad de ser parte de esta ceremonia donde el Centro Lázaro Cárdenas del Río y Amalia Solórzano de Cárdenas, A.C., hace entrega de la presea Amalia Solórzano de Cárdenas al INSTITUTO POLITECNICO NACIONAL, con motivo de su 80 Aniversario.

ING. CUAUHTÉMOC CARDENAS SOLORZANO, Presidente del Centro Lázaro Cárdenas del Río y Amalia Solórzano de Cárdenas, A.C.

DR. ENRIQUE FERNANDEZ FASSNACHT, Director General del Instituto Politécnico Nacional,

DR. ENRIQUE GRAUE, Rector de la UNAM;

ING. CARLOS LEON, Representante del Rector de la Universidad NIcolaita de Michoacán;

SEÑORES EXDIRECTORES DEL INSTITUTO POLITECNICO NACIONAL,

COMPAÑEROS POLITECNICOS.


Nuestro Instituto nació en el momento de consolidación del primer Movimiento Revolucionario Triunfante del Siglo XX en el mundo.

En el período de los años treinta del siglo pasado, ese Movimiento Revolucionario en fase de ascenso y consolidación, enfrentaba el reto de pacificar al país y ponerlo en la ruta de industrialización, del desarrollo y de encontrar los caminos del progreso para millones de mexicanos, principalmente obreros y campesinos que le dieron sustento a las luchas transformadoras.

El Estado surgido de la lucha armada, con un pacto Constitucional vigoroso y de profundo contenido nacionalista, enfrentaba los retos de la modernización y la construcción de infraestructura para comunicar al país, para industrializarlo, y generar oportunidades. Casi todo estaba por hacerse.

Fiel reflejo del Pacto Constitucional de 1917, el Plan Sexenal 1934-1940, liderado por las fuerzas revolucionarias mas avanzadas, con el General Lázaro Cárdenas del Río a la cabeza, le daban un peso formidable a la educación popular para contrarrestar el conservadurismo, que en la acera de enfrente pugnaba por recuperar los espacios que habían perdido.

El fascismo avanzaba en Europa y se gestaba la 2ª. Guerra Mundial; en lo interno, el capital trasnacional pretendía aprovechar la disputa que se daba con las fuerzas conservadoras y, particularmente las compañías petroleras norteamericanas y europeas, retaban al gobierno nacionalista. En 1934, las condiciones de trabajo discriminatorias, insalubres e inhumanas en las que desde siempre laboraban los obreros mexicanos, llevaron a la huelga en la Compañía petrolea El Águila, S.A., filial o sucedánea de la Falcon Oíl Co., de origen californiano.

Apoyados por otras compañías, El Aguila y las demás petroleras, en forma sindicada decidieron confrontar alGobierno. Lo hicieron por 3 o 4 años, retando, violando la ley, desobedeciendo los laudos de los tribunales y, finalmente, los fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En suma, retando la legitimidad del Estado Revolucionario.

En ese contexto se produce la fundación del Instituto Politécnico Nacional en 1936. No hay un decreto de creación, surge por la vía de los hechos, como una decisión de Estado, en el ejercicio de sus facultades y de la obligación de proteger la Soberanía Nacional y procurar el progreso y bienestar del Pueblo de México.

Todos aquí sabemos que el Politécnico, es el resultado del agrupamiento de diversas instituciones de educación media superior y superior, que venían operando de tiempo atrás.

Algunas de ellas desde mediados del siglo XVIII, otras que se habían fundado durante el Movimiento de Reforma encabezado por Benito Juárez.

Es así que el IPN se constituye en 1936, como ya dije, reorganizando y agrupando a la Escuela Superior de Ingeniería Textil; Escuela Superior de Comercio y Administración; la Escuela Profesional de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, hoy ESIME, que en este año está celebrando 100 años de fundada; la Nacional de Medicina Homeopática; la Escuela de Bacteriología, hoy Nacional de Ciencias Médico Biológicas; la Escuela Técnica de Maestros Constructores, hoy ESIA. De inmediato se crean nuevas escuelas; en 1938 inicia la carrera de Medicina Rural; en 1939, por mandato Presidencial se establecen las carreras de Ingeniero Químico Petrolero y de Ingeniero Metalúrgico. En

1940 el Politécnico inicia cursos poniendo en marcha los ciclos de Prevocacional y la Vocacional, como parte integral del Instituto.

La misión encomendada al Politécnico, nos la recuerda el General Lázaro Cárdenas en una misiva enviada a la comunidad Politécnica en julio de 1970. A la letra dice que “Los objetivos y lineamientos para el desarrollo del Instituto Politécnico Nacional quedaron establecidos con claridad desde el momento de su fundación: se trataba de la formación de técnicos de tipo superior, técnicos medios y obreros calificados, capaces de planear, dirigir y prestar su concurso en las diversas ramas de la producción económica y los servicios; lo mismo que de impulsar la investigación científica en todos los niveles. Pero estas se encomendaban a la institución naciente, no de una manera abstracta y al margen de los problemas nacionales, sino precisamente orientadas a la resolución de esos mismos problemas. …..”.

Fin de la cita.

El Politécnico se ha consolidado como institución de Educación Superior de máximo prestigio, incluso, más allá de nuestras fronteras, siempre con una comunidad luchadora, con profunda identidad popular, orgullosa de su origen y comprometida con su historia.

Baste recordar que el primer proyecto de Ley orgánica fue fruto del Movimiento Estudiantil Politécnico en 1942, aunque nunca fue aprobada; y es hasta 1949 que entra en vigor la primera Ley Orgánica, para ser sustituida por un nuevo proyecto de Ley, que se genera al calor de un nuevo Movimiento Estudiantil en los años 50.

En el camino, nuestro Instituto fue construyendo nuevas entidades en su interior, así nacieron el Canal Once, el Centro de Investigación y Estudios Avanzados y el Centro Nacional de Cálculo, pionero en ciencias de la computación, hace más de 50 años.

Las recientes reformas estructurales afectan severamente la vida del Politécnico. Principalmente las reformas que atañen a las industrias del petróleo, la minería y la electricidad. Nos afectan como institución porque trastocan a un modelo que le dio sustento al desarrollo de la Nación y porque estas reformas atacan a sectores estratégicos.

Desde mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, el mundo y nuestro país se han alineado con un modelo de desarrollo que ha sido incapaz de generar bienestar a los pueblos. En particular, en México, ese modelo de desarrollo ha profundizado la desigualdad; ha llevado al País a una situación que pone a más de la mitad de la población en condición de pobreza, de penuria económica; que limita el acceso a la educación y a la salud; los servicios públicos y a la seguridad social. Es un modelo que propicia un desarrollo desigual, que dilapida los recursos naturales y el medio ambiente y pone en riesgo la soberanía nacional.

Los jóvenes de este siglo necesitan construir un nuevo régimen; no sólo el sistema político o el modo de producción, sino que deben propiciar un cambio en el sentido más holístico e integrador, o sea, es necesario modificar la forma en que desarrollamos todas las actividades humanas, la forma de concebir al mundo, la forma en que entendemos qué es, y cómo hacemos la vida en el planeta y en la comunidad humana.

Hoy hablamos de la necesidad de desarrollar un modelo de producción sustentable, y la ciencia y la tecnología disponibles nos dan herramientas suficientes para ponerlo en marcha; pero ese cambio nunca será posible si no cambiamos desde lo más intimo nuestra forma de pensar, de vivir, y de plantearnos cada uno cómo vivir en paz y en comunidad, con todos. Vivir significa poder compartir todos un planeta sano, donde lo colectivo sea la base para el mejor desarrollo de lo individual; donde la justicia y la igualdad nos permitan un desarrollo continuo, ascendente, y donde auténtica y genuinamente recobremos la esperanza y la felicidad.

En suma, el reto es resolver la forma en que nos transportamos, la forma en que nos alimentamos, cómo consumimos, la forma de relacionarnos entre nosotros y con la naturaleza, cómo usamos el suelo, el agua y los bosques, los recursos del subsuelo y de los mares y cómo nos concebimos a nosotros mismos desde la raíz.

Tenemos que revisar y quizá cambiar, la forma en que pensamos en la ciencia, la forma en cómo hacemos ciencia, cómo nos educamos y educamos a las nuevas generaciones.

El calentamiento global comenzó con la revolución industrial que va de mediados del siglo XVIII y hasta el primer tercio del siglo XIX. La segunda revolución industrial se inició precisamente a mediados del siglo XIX, cuando se comenzó el desarrollo de las primeras máquinas que no son de vapor y el uso del motor de combustión interna y de la energía eléctrica se extendieron a todas las industrias, a los campos y a los sistemas de transporte.

Se dice que está en curso una tercera revolución industrial. Es la irrupción de las computadoras de generación avanzada, el internet y las redes o el aprovechamiento de las energías renovables, pero en medio de todo esto, hemos sido incapaces de resolver o de impedir el deterioro siempre creciente del medio ambiente; y desde luego, tampoco se han logrado resolver los problemas de la desigualdad social, la inequidad o la injusticia.

En tal contexto, el Politécnico, de nuevo tiene que fortalecer su condición de vanguardia para generar oportunidades de educación para los hijos de los trabajadores del campo y de la ciudad, para la clase media y, como lo establece el Artículo 3º. De la Ley Orgánica vigente, “.- ……Garantizar y ampliar el acceso de estudiantes de escasos recursos a todos los servicios de la enseñanza técnica que preste el instituto”, y al mismo tiempo, acorde con en el mismo artículo 3º. “Promover en sus alumnos y egresados actitudes solidarias y democráticas que reafirmen nuestra independencia económica”. Hoy, tendremos que traducir estos postulados, en que la enseñanza y la investigación que se desarrollan en el Instituto, tendrán que estar encaminadas a la construcción de un país libre, democrático y soberano.

El IPN es hoy una institución grande y fortalecida, ha crecido en número de escuelas y unidades, ha crecido enormemente en su reserva de conocimiento científico; en planta docente y en la experiencia institucional acumulada. Profundicemos nuestra identidad como la Institución de educación del pueblo, de la modernización y de la soberanía nacional.

La tarea de nuestro tiempo, es diseñar un camino que siendo congruente con nuestra historia, sea capaz de responder con éxito ante los retos del presente y del futuro. Parafraseando al General Cárdenas, es una tarea de toda la Comunidad Politécnica, alumnos, trabajadores, autoridades y egresados.

Desde hace dos años, de nuevo está sobre la mesa, la “oferta” de la autonomía para el Politécnico. No es nuevo el tema. En los momentos mas críticos del Movimiento Estudiantil de 1968, el entonces Presidente de la República lanzó dos ofertas: 1ª. La mayoría de edad a los 18 años, recuerden que en 68, esa condición se alcanzaba a los 21 años de edad; y 2. La Autonomía para el IPN.

La mayoría de edad a los 18 años, era un tema para todo el movimiento y y para toda la juventud mexicana, no la objetamos, finalmente se produjo la reforma legal en ese sentido, bienvenida; los Politécnicos, al unísono, rechazamos el asunto de la Autonomía.

Los dos temas eran una postura demagógica con afán de distraer la atención de lo que era fundamental: el respeto a las garantías constitucionales y ciudadanas, la solución del pliego petitorio, la libertad de los presos políticos, la desaparición de los granaderos, la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal (instrumentos de la persecución y represión a la disidencia de cualquier signo político) y el diálogo público, que sigue siendo una demanda sentida de la ciudadanía.

La Autonomía para el Politécnico, además de un elemento distractor, era un nuevo ataque al carácter popular de la institución. Consideramos en aquél momento y lo considero ahora, que las tareas de planeación y financiamiento de la Educación Superior y la Investigación Científica y Tecnológica, en el país corresponden al Estado. Esas son tareas irrenunciables.

Ciertamente, en el Politécnico se tienen que renovar muchas cosas. Se ha de renovar el modo de conducción, fortaleciendo la forma en que se relacionan todos los sectores de comunidad politécnica entre sí. Y esta forma no puede ser otra que la del total respeto a los derechos humanos, en democracia y con apego irrestricto a la libertad de pensamiento y de cátedra.

Grandes sectores de la comunidad tenemos la convicción de que para ello, la Autonomía es solo una oferta distraccionista, al final de cuentas, una manzana envenenada. Pero claro estoy de que hay otras posturas. Revisemos esta situación. Hagámoslo con espíritu muy crítico y objetivo, en democracia, en libertad, con el espíritu que siempre nos propusieron el General Lázaro Cárdenas del Río y Doña Amalia Solórzano de Cárdenas, en los múltiples encuentros de ellos y de la familia Cárdenas con esta Comunidad.

Pero insisto, la autonomía viene a la luz cada vez que la institución está embarcada en procesos de discusión y de cambio. Evidentemente, se trata de una maniobra, para distraernos de lo que es fundamental.

Hoy, por lo pronto, tenemos que buscar, hasta encontrar los caminos para restablecer la integridad de la institución; el Politécnico necesita recuperar la dirección del Canal Once y el CINVESTAV, dos importantísimas entidades del Instituto en sus procesos de producción y difusión de la ciencia y la cultura.

El Politécnico necesita ser una institución abierta al pueblo y sensible a sus necesidades; un espacio de encuentro de las familias y de la sociedad, no puede ser una institución cerrada, amurallada; eso, lo aísla y lo debilita.

Fortalecer al Politécnico en esta hora, es una buena forma de resistir, hasta revertir las reformas estructurales neoliberales. Es una buena manera de insistir en generar conocimiento científico y tecnológico para proteger, aprovechando, los grandes recursos naturales de la Patria. Generar tecnología moderna para las empresas y las industrias estratégicas; Generar tecnología también para los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad.

Hoy, estamos ante la necesidad de definir nuevos paradigmas para el desarrollo del país. Para ello ello, es necesario auspiciar la formación de profesionistas con una formación técnica y científica sólida; críticos, rebeldes y comprometidos con las causas de transformación nacional y con los anhelos de igualdad y de justicia de los mexicanos.

Amigas y Amigos miembros de esta Gloriosa Comunidad Politécnica. Recibamos esta presea Amalia Solórzano de Cárdenas, con orgullo, con amor.

Tomémosla como lo que me parece que es, un reconocimiento a la historia heroica de nuestra Institución. Y tomémosla también como una invitación a reflexionar sobre el futuro del Instituto Politécnico Nacional; a reflexionar sobre el perfil de los técnicos y profesionales que nuestra Institución entregará a la Nación para el mejor desarrollo de nuestro pueblo y la consolidación de nuestra independencia económica y la soberanía nacionales.

A final de cuentas, se trata de renovar nuestra capacidad para soñar y construir un futuro con motivos para el optimismo, la alegría y la felicidad plena de los mexicanos.



¡QUE VIVA LA MEMORIA DE DOÑA AMALIA SOLÓRZANO DE CÁRDENAS!

¡VIVA LA MEMORIA Y LOS POSTULADOS DEL GENERAL LÁZARO CÁRDENAS Y LOS FUNDADORES DEL IPN!

VIVA EL INSTITUTO POLITÉCNICO NACIONAL, AL SERVICIO DE LA PATRIA, LIBRE Y SOBERANA.

¡QUE VIVA MEXICO!