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Por México Hoy. PDF Imprimir Correo electrónico
Miércoles 07 de Octubre de 2015 13:32

Centro Cultural “Indianilla”.

México, D. F., 3 de octubre del 2015.

Cuauhtémoc Cárdenas.

Estamos indignados. Los mexicanos estamos muy irritados. Enojados, irritados y preocupados. Más de treinta años, un día tras otro, de ir para atrás: sólo de 2012 para acá se cuentan 600 mil personas más con carencias alimenticias, 500 mil más sin servicios en sus viviendas; además, 89  millones de personas vulnerables, esto es, con una o más carencias básicas, y sin seguridad social más de 70 millones; con el salario mínimo oficial más bajo entre los países de la OCDE y entre los países latinoamericanos; la economía no crece, pero la desigualdad social sí, al igual que la violencia, la corrupción y la impunidad; los desplazados por la violencia se cuentan por centenares de miles; las llamadas reformas estructurales entregaron la soberanía de la nación a los consorcios y a los financieros extranjeros, cedieron el control a estos mismos de nuestros recursos naturales, el petróleo entre ellos, lesionaron derechos laborales del magisterio y así podemos alargar y alargar la lista de agravios y retrocesos.

Esta situación de subordinación y grave deterioro debe cambiar, y estamos decididos a cambiarla. Podemos cambiarla. Y hacer que México se encamine hacia una nueva etapa de equidad social, ejercicio pleno de su soberanía, crecimiento sostenido en el largo plazo de su economía y mejoramiento creciente de los niveles de vida populares.

Se trata de formular y desarrollar, a partir de nuestras realidades, un proyecto de nación muy distinto al que nos han impuesto los intereses hegemónicos de afuera, con el sometimiento pusilánime y entreguista de los colaboracionistas locales.

Un proyecto nuevo y distinto, favorable y correspondiente a los intereses mayoritarios de los mexicanos, que sea punto de apoyo de las transformaciones necesarias, requiere de un marco constitucional nuevo, que se sacuda de los retrocesos entreguistas, que recupere y amplíe los derechos sociales y permita su efectivo ejercicio, que democratice y transparente el ejercicio del poder y dé paso a una cada vez mayor participación ciudadana, que garantice la vigencia de un Estado de derecho pleno, en una democracia cada vez más amplia.

No se trata elaborar un muy buen, el mejor proyecto de Constitución, a partir de un ejercicio académico. Se trata de que las transformaciones que deben llevarse a cabo en el país sean, antes que otra cosa, demandas sentidas de la gente y que ésta se constituya en el respaldo consciente y activo de los nuevos proyectos.

Si nos mantenemos pasivos, indolentes, inmóviles, así se presenten las más brillantes ideas y las propuestas más acabadas, se seguirán imponiendo los intereses que han llevado a una desmedida concentración de la riqueza en unos cuantos, a la marginación de las oportunidades de progreso de millones y millones, a que se siga gobernando con el presupuesto de egresos y no con el mandato de la Constitución, al imperio de la corrupción, la impunidad y la violencia: violencia delincuencial; casos puntuales de violencia de elementos del Estado contra la población como los de Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato, etc., como la violencia ejercida contra y el atropello de los derechos de los trabajadores de San Quintín, B. C., y como la prisión violatoria de derechos fundamentales de Nestora Salgado y Juan José Mireles; afortunadamente, debe decirse, el último detenido de los voceros de la Tribu Yaqui, Mario Luna, ha sido liberado recientemente por intervención de la nueva Gobernadora de Sonora (congratulémonos por ello); violencia igualmente de las políticas neoliberales del Estado contra la población mayoritaria al través del desempleo, la migración forzada, la decreciente calidad de los servicios de salud, educativos, de seguridad social, los recortes presupuestales, etc.

Entonces, los cambios en las políticas del Estado y la formulación de un texto constitucional renovado, que dé sustento a las transformaciones y sea plataforma también para el futuro, exigen de respaldo social, de respaldo ciudadano.

Este respaldo es el que queremos invitarlos a desarrollar y a consolidar, como un primer paso para hacer realidad nuestras aspiraciones.

Propongámonos promover, con la visión del cambio, que en cada población, en cada colonia o barrio, en los municipios, en los centros de educación superior, que en los centros de trabajo, entre los grupos académicos y profesionales, en sindicatos y organizaciones campesinas, por toda la nación, se formen grupos que discutan sobre los problemas que en cada caso se están viviendo y así se determinen, con objetividad y realismo, las vías que conduzcan a resolver problemáticas locales, regionales, nacionales; que estos grupos convengan, además, en que nos articulemos para intercambiar informaciones y saber qué hacemos unos y otros, y vayamos así construyendo capacidades no sólo de conocimiento de cómo estamos y hacia dónde debemos ir, sino también capacidades de movilización de todos los que democráticamente, con la palabra, la letra y la imagen, la gestión y la movilización política y social, vayamos creando consciencia de qué debe hacerse, no sólo entre nosotros, sino sobre todo, en quienes toman decisiones, para que las tomen.

En el proyecto de Por México Hoy no debe haber jerarquías ni jefes. Si, desde luego,  orden, disciplina y puntualidad para mantener la comunicación entre nosotros y podernos convocar, no sólo a la discusión, lo que es muy importante, sino, sobre todo, a la movilización que requiera simultaneidad y solidaridad, sea nacional, sea regional, sea muy local y puntual.

Dejemos claro, desde el principio, que como Por México Hoy, somos ajenos a cualquier proyecto electoral. No nos echamos a andar para promover ninguna candidatura ni para oponernos a ninguna; no estamos en la construcción de un nuevo partido político ni contra ningún partido político. En Por México Hoy tenemos un lugar los militantes de los partidos y los ciudadanos que no nos agrupamos en ningún partido. En lo electoral, repito, trátese de procesos federales o locales, cada uno de nosotros decidirá cómo participar, pero Por México Hoy no estará respaldando ni oponiéndose a nadie, candidato o partido. Es más, en este campo, es posible que quienes estamos en este proyecto de transformaciones profundas del país, que tiene como culminación de una primera etapa y punto de arranque de la siguiente, la formulación de una nueva Constitución, podremos encontrarnos electoralmente en posiciones opuestas, pero no en torno al proyecto común. En torno a éste, podremos invitar a quienes contiendan por cargos públicos que lo adopten como compromiso y programa, pero esto será asunto de cada quien, como lo es para aquellos que con cargos de elección o del servicio público decidan acompañarnos en esta empresa.

En este gran esfuerzo que se despliegue por toda la República y que atraviese los distintos estratos de la sociedad, no tienen pues cabida ni los personalismos ni los fraccionalismos, factores siempre de disolución de las pluralidades políticas y frenos por tanto de la acción.

En el camino se irán encontrando problemas y obstáculos todos los días. Habrá causas con apoyo social más amplio y causas que involucren a colectividades o territorios reducidos. Tratemos en todo caso de ser solidarios, cada quien desde sus particulares organizaciones y trincheras, pero no pretendamos que nuestra causa particular sea necesariamente una causa de todos los que participamos en el proyecto más amplio que cualquier causa particular, que es el proyecto Por México Hoy.

Causas particulares, en estos casos de carácter electoral, condujeron a romper la unidad, a desvirtuar y a la disolución del proyecto plural de soberanía y democracia que fue el Movimiento de Liberación Nacional, allá por la década de los 60 del siglo pasado, y al esfuerzo de unidad democrática de la oposición en vistas a la elección federal del año 2000.

No podemos ni debemos caer en errores que repitan aquellas experiencias.

En fin, ¿cual es ahora la tarea?: convertirnos todos en convocantes para discutir los problemas que de cualquier manera nos afectan y plantear las vías para solucionarlos, e irnos organizando y articulando para llegar a formar, lo más pronto posible, una gran ola social, incontenible, que imponga legal y pacíficamente los cambios que la nación y el pueblo en mayoría reclaman, entre ellos, la edificación de un país modelado de manera muy distinta del actual, que cuente con una nueva Constitución, que sea al mismo tiempo estación de llegada y plataforma de lanzamiento de los cambios que hagan de México, verdaderamente, una nación soberana, de iguales, de justicia y democrática.