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EL ASILO, PRÁCTICA VIVA EN LATINOAMERICA PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 22 de Abril de 2014 18:00

Cuauhtémoc Cárdenas


Está dándose un proceso en uno de los países de Nuestra América que, al menos en México, parece estar pasando desapercibido: la petición que Barack H. Obama, el presidente de la nación más poderosa, la que generalmente impone sus decisiones y defiende sus intereses con soberbia y fuerza, ha hecho, de tu a tu, a José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, una de las naciones más pequeñas territorialmente, una, también, donde mayor vigencia tiene el estado de derecho y donde son más efectivos el respeto y ejercicio de los derechos de la gente.

Hace unas cuantas semanas, el presidente norteamericano pidió al presidente del Uruguay que reciba en su país a cinco o siete prisioneros que serán excarcelados de la prisión colonial de Guantánamo, a lo que el presidente Mujica ha respondido afirmativamente, planteando a su par, como gesto de reciprocidad, que el gobierno norteamericano libere a tres ciudadanos cubanos, detenidos y presos en Estados Unidos acusados de supuestos actos de espionaje: Antonio Guerrero (su liberación está prevista para septiembre del 2017), Ramón Labanino (quien podrá abandonar la cárcel en octubre del 2024) y Gerardo Hernández (quien recibió la pena de dos cadenas perpetuas).

Esta decisión y este planteamiento del presidente Mujica merecen una fraterna y solidaria felicitación.

Acoger en Uruguay a excarcelados de Guantánamo merece reconocimiento de los amantes de las libertades, porque un pueblo y un país estarán abriendo sus brazos y sus puertas a quienes, por una decisión arbitraria e inhumana del gobierno norteamericano, aun de llegar a ser liberados, no serán devueltos a sus patrias de origen, y dado que ese gobierno no los acogería en su territorio ni ha solicitado sean recibidos por ningún otro país, no tendrían posibilidad alguna de dirigirse a ninguna otra parte del mundo. Uruguay o Mujica, al aceptar a los excarcelados de Guantánamo, nada están pidiendo a cambio para sí.

Con esta decisión del presidente Mujica, el Uruguay y su gobierno estarán dando a todos los gobiernos del mundo un bello ejemplo de solidaridad humana, al recibir sin condicionamientos políticos o de otro orden, que no sea el de llevar una vida de trabajo, a personas que por circunstancias a las que son ajenas, han quedado sin posibilidad alguna de reintegrarse a sus familias, comunidades y lugares de origen.

Al solicitar el presidente de los Estados Unidos de América al presidente de la República Oriental del Uruguay que reciba en su país al grupo de prisioneros liberados, está reconociendo el espíritu generoso del pueblo uruguayo, el apego de su gobierno a los compromisos internacionales de solidaridad, amistad y cooperación y la certeza de que en la nueva tierra los liberados encontrarán no sólo asilo, sino respeto a sus personas y oportunidad de rehacer sus vidas con trabajo y dignidad.

Además, al plantear el presidente José Mujica al presidente Barack H. Obama que, con las facultades que detenta, conceda la liberación de Antonio Guerrero, Ramón Labanino y Gerardo Hernández, fortalece con su autoridad moral la petición justa y humanitaria, que desde tiempo atrás y en el mismo sentido han venido haciendo distintas instancias del Estado y la población de Cuba y numerosas organizaciones civiles y ciudadanos de muchas otras nacionalidades. Esta petición será seguramente reforzada en la reunión que sostengan los presidentes de Uruguay y Estados Unidos el próximo mes de mayo. Esperemos resultados para todos favorables.

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Abril del 2014.