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VIII ANNUAL LEADERSHIP ASSEMBLY. National Alliance of Latin American and Caribbean Communities (NALACC). PDF Imprimir Correo electrónico
Jueves 10 de Noviembre de 2011 18:00

Cuauhtémoc Cárdenas

Omaha, Nebraska, 11 de noviembre del 2011.

Agradezco a  la Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas (NALACC) su invitación para participar en su 8ª Asamblea Nacional de Dirigentes, lo que mucho me honra.

NALACC se ha distinguido por la lucha que lleva a cabo para promover y defender los derechos de los ciudadanos de América Latina y el Caribe que residen y trabajan en este país.

Para la gran mayoría, no ha sido fácil dejar sus lugares de origen para llegar a los Estados Unidos. Se han desprendido de afectos y arraigos, dejando atrás familias, costumbres y tradiciones. Muchos, muchísimos, han corrido serios riesgos y han hecho grandes sacrificios para encontrarse ahora en estas tierras.

Todos, prácticamente desde que llegaron, han estado contribuyendo al progreso de este país impulsando su economía mediante el trabajo que realizan, aportando al progreso con su inventiva y creatividad, enriqueciendo la cultura, abriendo oportunidades a una más fructífera convivencia social y fortaleciendo la vida cívica y la actividad comunitaria con su participación. Amplios sectores de la sociedad así lo reconocen; otros, de mentes obtusas, se resisten a hacerlo.

En la actualidad, más de 50 millones de personas, alrededor del 16% de la población total del país, es población que nació o tiene su origen en nuestras naciones del sur y una proporción importante de esos millones, se encuentra en situación migratoria irregular. Esta condiciónes la razón de muchos de los más importantes problemas que afectan tanto a los Estados Unidos como a los países de América Latina y el Caribe, cuyas soluciones sólo van a encontrarse mediante acciones que se realicen y medidas que se tomen en un lado y otro, pero que tengan base en acuerdos que se compartan.

Para los Estados Unidos la migración tiene una doble cara: por un lado, es indispensable para que puedan realizarse y prestarse producciones y servicios de lo más variado; por otro lado, cuando la migración mantiene una situación irregular, se abusa de ella y se le utiliza para abaratar el valor del trabajo, tanto de norteamericanos como de migrantes en situación regular, y el ciudadano observante de la ley se incomoda al sentir que convive con quien incumple con ciertos principios legales.

Lo que con frecuencia se pierde de vista es la importancia que tiene para este país el trabajo que realizan los migrantes de todas las nacionalidades, un alto porcentaje de ellos, como hemos dicho, en situación migratoria irregular, y se pierde de vista, sobre todo, que aun el migrante irregular que trabaja, paga impuestos, contribuye a los fondos de pensión y de retiro, realiza, si es necesario, trabajo comunitario, y de hecho hace todo lo que hace un trabajador de nacionalidad americana o un trabajador extranjero que tiene su situación migratoria regularizada.

La solución a los problemas de la migración tiene que darse aquí, a donde los migrantes llegan, y simultáneamente en los países que, principalmente por la mala situación económica y la falta de oportunidades, se han visto forzados a abandonar.

Ilustraría el caso haciendo referencia a lo que sucede entre mi país, México, y los Estados Unidos.

Compartimos una frontera de 2000 millas; los intercambios comerciales de México se realizan en alrededor del 80%, en ambos sentidos, con este país, aun cuando el intercambio más importante entre los dos países es el humano, pues un millón de personas cruzan diariamente la frontera por razones laborales, turísticas, de negocios, familiares, etc.

Un hecho importante en la relación económica bilateral es que en 1994 entró en vigor el Acuerdo de libre comercio de América del Norte, que declarativamente tenía o tiene como propósito estimular el crecimiento y la modernización de las economías, así como el desarrollo social, de manera equitativa, en los tres países que lo suscribieron.

En México se incrementaron fuertemente las exportaciones, que multiplicaron varias veces su valor, pero al mismo tiempo, al abrirse las fronteras y no habiendo estimulado el gobierno mexicano la modernización de las estructuras productivas durante los años de negociación del acuerdo, la agricultura, sobre todo la de las áreas temporaleras, que empleaba a un porcentaje significativo de la mano de obra rural, así como la pequeña y mediana empresa, que generaban la mayor ocupación, tuvieron que competir con los productores extranjeros en condiciones de desventaja y estos y muchos otros sectores de la actividad económica atraviesan desde entonces por situaciones precarias y algunas ramas prácticamente desaparecieron. Los mercados mexicanos más importantes han estado abastecidos por productores del extranjero y México se ha convertido en el más importante suministrador de mano de obra barata y laboral y políticamente desprotegida para la economía americana.

Así, el efecto desindustrializador del acuerdo y de la falta de una política interna en la materia, puede verse, por ejemplo, en el hecho que diez años antes de que entrara en vigor el acuerdo, de cada dólar exportado por México, 88 centavos correspondían a insumos nacionales de mano de obra, materias primas, servicios, etc., en 1994, con diez años de imposición y prácticade políticas neoliberales, al entrar en vigor el acuerdo, esa cifra se había reducido a 42 centavos y hoy debe andar en los 20 centavos. Por otro lado, diez años antes de la vigencia del acuerdo, pasaban, para quedarse en los Estados Unidos, un promedio de 26 a 28 mil mexicanos anualmente; a partir de 1994, los migrantes crecieron hasta sumar 400 o 500 mil anuales en los últimos diez o quince años; de ahí el alto crecimiento de la población de origen mexicano en este país y de ahí también el crecimiento de la migración irregular.

Pero ¿por dónde veo la solución a estos problemas?

Primero, en mantener y fortalecer el trabajo de NALACC y de organizaciones que como ésta promueven mejores condiciones de vida y desenvolvimiento para las comunidades de migrantes, lo que es de suma importancia. Es igualmente de gran valor, la labor que realizan congresistas federales y estatales para impulsar esta causa, por lo que debe trabajarse muy cerca de ellos.

Por otra parte, la tarea que está por delante para todos es la de hacer comprender a más y más ciudadanos de este país, de la indispensable y valiosa contribución que dan los migrantes de todas las nacionalidades, con su situación migratoria regularizada o no, al progreso de este país en todos los órdenes, y que esa contribución merece ser retribuida con el reconocimiento tanto del Estado como de la sociedad.

Hacer entender también, que los problemas de la migración no van a resolverse con legislaciones racistas y discriminatorias como las leyes SB 1070 de Arizona, la 69 de Carolina del Sur o la HB 56 de Alabama. Legislaciones de este tipo sólo complican los problemas y retardan y dificultan las soluciones, pues hay que tener muy claro que es aquí dónde habrán de resolverse los problemas que aquí presenta la migración, y no van a resolverse con arrestos y deportaciones masivas, que si se ve la dimensión de la migración irregular, resultarían imposibles de llevarse a cabo

Quiérase o no, habrá que pensar en mecanismos que regularicen, en tiempo razonable, pero lo más pronto posible, la situación de millones de migrantes de todo el mundo, muchos con décadas de residencia tranquila y de trabajo productivo para este país, que hoy, junto con sus familias, están expuestos a ser atropellados en sus derechos de gente.

Por otra parte, en los países expulsores de población, la solución a los problemas de la migración habrá de encontrarse en acciones conjuntas de esos países y del país hoy receptor principal de migrantes de América Latina y el Caribe, que es Estados Unidos.

La principal causa de la emigración es la falta de empleo formal, la consecuente caída de los niveles de vida y la intensificación de los apremios familiares en México y en países de Centro y Sudamérica y el Caribe.

En los tiempos en que se negociaba el Acuerdo de libre comercio, allá por 1990 y 1991, en varios foros, uno de ellos un congreso de la Federación de Trabajadores de la Columbia Británica, en Canadá, propuse que en vez del acuerdo tripartita México-Canadá-Estados Unidos y sólo sobre comercio, se trabajara en un acuerdo continental de desarrollo, que involucrara a todos los países del continente y que no se limitara al comercio, sino que tuviera como propósitos principales la reducción hasta eliminarlas, de las asimetrías económicas y las diferencias sociales, particularmente en los aspectos laborales, y que para alcanzar esas metas se considerara echar mano de mecanismos como los fondos de inversión o fondos compensatorios, a semejanza de los creados por la Unión Europea para su integración, que fueran de los países más desarrollados a los más rezagados, con un objetivo prioritario en la creación de fuentes de empleo en las regiones de mayor expulsión de población. Sigo pensando que este sería un mucho mejor acuerdo para nuestro continente y la única forma válida y efectiva de disminuir los flujos de la migración irregular, aunque una lucha que debe también librarse, es la del derecho al libre tránsito, no sólo de mercancías, sino de personas por todo el mundo.

Mientras se llega a un acuerdo de estos alcances, en la relación de México con los Estados Unidos y Canadá, debiera plantearse una adición (un addendumcomo dicen los diplomáticos) al Acuerdo de libre comercio de América del Norte(elNAFTA o ALCAN), que considerara la creación de fondos compensatorios para disminuir asimetrías económicas y sociales y lograr condiciones de desarrollo semejantes en los tres países. Será ésta, sin duda, una lucha larga y compleja, pero habrá que impulsarla con firmeza.

En fin, termino agradeciendo de nueva cuenta a NALACC la invitación para acompañarlos en esta importante reunión, deseando todo éxito en sus actividades, para bien y progreso de las comunidades latinoamericanas y caribeñas que residen y laboran en esta país.