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PRD: 15 años PDF Imprimir Correo electrónico
Viernes 14 de Mayo de 2004 18:00

Cuauhtémoc Cárdenas

Se cumplen en esta fecha y se conmemoran 15 años de la constitución del Partido de la Revolución Democrática (PRD), nacido de la movilización popular que desde 1987-88 revitalizó la lucha por el respeto al voto y por el tránsito hacia un sistema político y una convivencia social efectivamente democráticos.

Esta fecha es ocasión para reconocer que la contribución más importante para el cambio democrático y el respeto a los derechos de la gente, en los años transcurridos desde que se llamara a su formación, la ha dado el PRD, y es ocasión también para reconocer que frente a estos indiscutibles avances, en sentido contrario y debido a causas diversas, como la hostilidad oficial y la flaqueza política y ética de algunos militantes, el PRD atraviesa en el momento presente por una profunda crisis, golpeado por el oportunismo, la práctica clientelar y el sectarismo.

Es ocasión, sobre todo, para renovar el compromiso de mantener vivo el ideal e intensa la lucha por las causas a las que se entregaron aquellos compañeros que perdieron la vida en el camino, asesinados impunemente por detentadores y defensores de privilegios ilegítimos, beneficiarios de la corrupción y de la propia impunidad. Es ocasión, también, para recordar –de la mejor manera posible, que es siguiendo su ejemplo– a compañeros de lucha que ya no están físicamente con nosotros: a Heberto Castillo, a Valentín Campa, a Benita Galeana, a Manuel Marcué.

Es ocasión, igualmente, para que cada uno de los militantes del partido –y sobre todo, quienes tienen una responsabilidad de dirigencia o de gobierno, y quienes, como yo, por cualquier razón, hemos contado con la confianza de otros compañeros– asuma y defina públicamente sus posiciones frente a los grandes problemas nacionales, sin eludir este compromiso, que es fundamental para que tanto los miembros del partido como la ciudadanía en lo general tengan claridad respecto a cómo y en razón de qué se actúa, a quién en realidad se escucha y, en su momento, qué banderas se enarbolan y se siguen. Eludir hacerlo, adoptando una actitud oportunista, será faltar a la lealtad que se debe a la gente y a los demás compañeros, así como faltar al compromiso que se tiene con el país y con el partido mismo.

Este aniversario llega en momentos en que el PRD tiene por delante el difícil reto de su reposicionamiento como el partido que la ciudadanía considere el más apto para conducir al país y dar adecuada solución a sus problemas. Llega cuando el país se hunde, aún más, en la severa crisis que dura ya un cuarto de siglo, situación a la que lo ha arrastrado el gobierno actual con su abyección entreguista y antipopular.

Hacia su interior, el partido tiene la tarea ineludible de barrer y deshacerse de los oportunismos, las actitudes sectarias, las prácticas clientelares, el burocratismo parásito y todo asomo de corrupción, que se han apoderado de algunas de sus estructuras importantes y de algunos de sus mecanismos de decisión. Esos problemas están identificados. Los miembros del partido los conocemos, sobre todo sus dirigentes, actuales y pasados. De no enfrentarse con decisión, no sólo se faltará a una obligación, sino que el partido seguirá en el proceso de achicarse moral y éticamente, en su influencia política, su militancia e implantación territorial.

El partido no puede vivir en las contradicciones. Hoy se está viviendo un caso que exige inmediata definición: el Partido Acción Nacional ha aplaudido y apoyado la decisión del Presidente de la República de retirar a la embajadora de México en Cuba y de demandar la salida del embajador de Cuba de nuestro país, en un acto de claro alineamiento con la política intervencionista y de sojuzgamiento del gobierno estadunidense.

El sentir mayoritario en el PRD, coincidente con el del pueblo mexicano, es contrario a esa decisión, que se inscribe en la política de sometimiento y entrega del gobierno foxista al dictado de los intereses que hoy dominan finanzas y política en Estados Unidos. Frente a este caso –al que bien pueden agregarse otros enfrentamientos en temas fundamentales– ¿va a seguir respaldando el PRD a candidatos de Acción Nacional o manteniendo coaliciones electorales con ese partido? De hacerlo ¿cuál es la posición ética y políticamente correcta: la del PRD o la del PAN? De hacerlo ¿qué se le va a decir a la gente para no retirar el respaldo o no salir de la coalición?

Y tocando el tema del retiro de embajadores, además de tratarse de una decisión que contraviene el espíritu del mandato constitucional del gobierno mexicano de agotar el diálogo antes de tomar cualquier medida extrema, en la búsqueda de solución a las controversias internacionales, y que va en contra igualmente del sentir mayoritario de los mexicanos, debilita a nuestro país en el contexto internacional, al hacerlo perder relaciones que le daban un mejor equilibrio geopolítico, tornándolo más dependiente, débil y vulnerable frente a la potencia hegemónica que es Estados Unidos, que ha reiterado su decisión de ir desmantelando al gobierno cubano con acciones que erosionen sus defensas políticas, sociales, culturales, económicas, para llegar, en caso necesario, en un escenario que no debiera descartarse, a una agresión armada como las emprendidas contra Afganistán e Irak, que se mantienen como heridas abiertas en un mundo anhelante de paz y de progreso. El gobierno de México no debiera prestarse a servir como peón de brega y como Caín en esta injusta e inhumana pretensión de la soberbia de Bush.

Es preciso, entonces, exigir con la máxima energía a Vicente Fox que reconsidere y revierta su decisión de la noche del 2 de mayo pasado, que tanto daña a nuestro país en sus intercambios económicos, culturales, educativos, así como en sus inversiones, y dé los pasos necesarios para normalizar las relaciones entre los gobiernos de México y Cuba, devolviéndolas al nivel y condición de relaciones entre dos pueblos que a lo largo de una historia común han compartido y comparten una amistad inquebrantable.

Por otro lado, el partido debe buscar su reposicionamiento planteándose como un partido de ideas y con ideas, donde las pugnas por cuotas y recursos, que en los últimos tiempos han dominado su vida interna, no vuelvan a verse más; como un partido de propuestas, que aliente la discusión constructiva, en el que no tengan cabida nunca más ni unanimidades ni incondicionalidades impuestas, cuyos miembros trabajen para hacerlo crecer ganando la confianza de nuevos militantes y recuperando la de aquellos que al correr del tiempo, debido a las confrontaciones entre corrientes y a las exigencias de parcialidades, se distanciaron del PRD. De seguir los grupos aferrados a pequeñeces y mezquindades, de seguirse imponiendo el sectarismo y el oportunismo, si el partido no lleva ante sus órganos de garantías y de dirección a los militantes que se han visto involucrados en reprobables e indignantes actos de corrupción, para que expliquen, rindan cuentas y partidariamente respondan de su conducta –más allá de las acciones judiciales a las que la ley los conduzca–, el partido, representado en sus dirigencias, no recuperará credibilidad ante la ciudadanía ni ante sus propios miembros, seguirá fuera de la discusión ideológica y de la elaboración programática, reduciendo su militancia en lugar de acrecentarla, y cerrándose cada vez más oportunidades de progreso partidario y de servicio a la nación.

El reposicionamiento del partido pasa por lanzarse con decisión al esfuerzo de superar la crisis del país, contribuyendo a generar un amplio movimiento de regeneración, que vaya más allá del PRD y, sin que pretenda hegemonías, cruce por los partidos políticos, las organizaciones sociales y la ciudadanía misma, que se constituya en el gran colectivo nacional que dé plena vigencia a la Constitución, rescate el ejercicio de la soberanía nacional, garantice la soberanía energética, dé cumplimiento cabal a los acuerdos de San Andrés, haga realidad el reclamo de nuestros migrantes por contar con derechos plenos como mexicanos, impulse una educación pública integral, laica, gratuita y de calidad, recupere las capacidades productivas del campo y asegure la autonomía alimentaria, garantice una justicia recta y expedita, así como el respeto y promoción de los derechos de la diversidad, desarrolle una economía sustentable, con crecimiento sostenido y equidad distributiva, estimule la creación y divulgación de la cultura y luche por un orden mundial equitativo y justo y por la integración política y económica de los pueblos y naciones de América Latina y el Caribe.

Será mediante la promoción de una amplia toma de conciencia y una vasta e intensa movilización plural, que por mucho trascienda al partido, con propuestas sólidas, buscando las coincidencias, respetando principios, manteniendo congruencia, tejiendo con sensibilidad e inteligencia una extensa red de acuerdos y alianzas sociales y políticas, y devolviendo al partido su condición perdida de partido-movimiento, como podrá enfrentar con éxito los retos y cumplir satisfactoriamente los compromisos que hoy tiene por delante.

Para alcanzar estos fines se requiere que los miembros, que son quienes dan base y sostén al partido, recuperen de manera efectiva su conducción, restauren la vigencia de una fraternal democracia interna, respetuosa de los principios para tener y, en su caso, acrecentar autoridad moral hacia adentro del partido y hacia la sociedad.

Es preciso, entonces, convocarnos para actuar en consecuencia, para que la militancia de base, real y combativa, desborde a quienes han llevado al PRD a la situación de degradación en la que se encuentra, para que esa militancia se sume y fortalezca los esfuerzos que desde distintos ámbitos de militancia y dirigencia partidarias se han venido haciendo por la regeneración y el crecimiento del partido.

Veamos con optimismo hacia delante, hagamos a un lado las actitudes personalistas, actuemos con patriotismo, responsabilidad y desprendimiento, pensemos en grande y hagamos compromiso, como colectivo e individualmente, con las causas de México y de su pueblo, con los principios que dieron vida, hace 15 años, al Partido de la Revolución Democrática.

México, Distrito Federal, 5 de mayo de 2004