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Consejo Nacional de Egresados del Instituto Politécnico Nacional PDF Imprimir Correo electrónico
Viernes 13 de Marzo de 2009 18:00

Cuauhtémoc Cárdenas


En esta ocasión en que se reúnen los egresados del Instituto Politécnico, como desde hace años lo acostumbran en fecha cercana al 18 de marzo, lo hacen tanto para recordar la gesta patriótica de la Expropiación Petrolera y rendir homenaje a Lázaro Cárdenas, como para recordar y honrar también a Amalia Solórzano de Cárdenas, su esposa y compañera, a quien perdimos hace tres meses, y como él, amiga cercana y querida de los egresados politécnicos, a los que año con año acompañaba en sus eventos como el de este día.

Quiero pensar en éste como un acto de confluencias: una, la de Amalia y Lázaro, de amor, ideales, comprensión, que los llevó a una vida en la que se identificaron y compartieron alegrías y aspiraciones, una vida de esfuerzos y realizaciones que fueron, desde que decidieron unirse, siempre de ambos y así lo reconocían ellos, con la vista puesta en fines superiores: la soberanía de México, el progreso y bienestar de su gente, la paz en el mundo, la igualdad, el fin de las injusticias, las exclusiones y la explotación.

La otra confluencia: la del petróleo y la educación, la del petróleo puesto al servicio del país y el Instituto Politécnico Nacional, creado como pilar de la educación técnica superior popular orientada a impulsar y fortalecer el desarrollo independiente de la nación.

Entonces, confluencias múltiples se dan y son las que nos reúnen en este día: de Amalia Solórzano, Lázaro Cárdenas, el petróleo y el Politécnico, esto es, la creación del Politécnico, la Expropiación del Petróleo, las decisiones patrióticas de Lázaro Cárdenas y el estímulo y la solidaridad consciente de Amalia con esos hechos.

A ella, en vida y ahora, se le elogia por su discreción, por su modestia en relación a su exposición pública. Así era su forma de ser y esa fue una de las cualidades que, junto con su inteligencia y sensibilidad, él le admiró desde que se conocieron. Pero esa actitud de ella, en ningún momento debe entenderse como ausencia o desinterés, por el contrario, fue, junto con su perspicacia y capacidad de comprensión, la cualidad que le permitió, quizá desde mucho antes que a nadie, compartir aspiraciones con él, conocer con antelación de decisiones que se preparaba para tomar y dar ella, además de su opinión sensible y cariñosa, su contribución decidida.

Decisión delicada, la más sin duda en una larga vida de decisiones complejas, fue la de decretar la expropiación de las compañías petroleras, rebeldes al fallo de la justicia mexicana. Días de hondas reflexiones de Lázaro Cárdenas precedieron el anuncio expropiatorio del 18 de marzo y es seguro que en el seno de la vida íntima, Amalia haya percibido en esos días su ensimismamiento, la concentración en sí mismo y conocido la causa de aquel comportamiento.

Desde el momento mismo en que se conoció que la nación recuperaba sus recursos petroleros, Amalia fue plenamente solidaria con el acto patriótico y con su esposo y compañero, y es así que cuando el pueblo mexicano se volcó en múltiples acciones para respaldar el rescate de sus riquezas, se le vio a ella participar con entusiasmo y activamente en la colecta popular para hacer frente a las indemnizaciones que el país debía cubrir.

Con esa misma decisión y entrega la vimos también participar en otras causas patrióticas de nuestro país, desde la solidaridad con la República Española y los esfuerzos por el cambio democrático, hasta la búsqueda activa y con equidad de la paz en Chiapas.

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Al iniciarse en mayo de 1937 el conflicto entre los trabajadores petroleros y las compañías, que habría de desembocar meses después en la Expropiación, el Instituto Politécnico Nacional estaba dando sus primeros pasos. Decretada la Expropiación y asumida ésta como un acto para hacer respetar y cumplir la ley y de ejercicio claro de la soberanía nacional, vinculado por tanto a los esfuerzos por romper los lazos de dependencia económica, el Politécnico se sumó de inmediato a esos esfuerzos desde su ámbito de acción, el de la educación superior, empezando a ofrecer, a partir de los ciclos escolares de 1940, estudios de ingeniero civil de construcciones petroleras, químico petrolero, ingeniero petrolero, técnico en lubricantes, técnico en gases, técnico en petróleo y técnico geólogo petrolero, para lo que hubieron de formularse e instrumentarse con celeridad los planes de estudio y las medidas que pusieron en marcha esas carreras.

Cumplía así el Politécnico con su encomienda de formar gente con los conocimientos necesarios para profundizar en las ciencias y en el desarrollo de las tecnologías y habilidades que demandaba el aprovechamiento de los recursos que se ponían al servicio del país, visualizando a la educación que ofrecía, como parte inseparable de la lucha por un desarrollo económico independiente, y vinculándose estrechamente desde entonces, con nuestra industria petrolera y en particular con la industria petrolera nacionalizada.

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El año pasado fue un año en el que estuvo en juego la suerte de nuestro petróleo. Se enfrentó la disyuntiva, según las decisiones que se tomaran, de producir un grave retroceso que hubiera llevado a que intereses ajenos a los nacionales determinaran de nueva cuenta, como antes de la Expropiación, el destino de la industria, o, como afortunadamente sucedió, que se le abrieran nuevas perspectivas para corregir desviaciones y proseguir su desarrollo como una industria puntal del desarrollo y la industrialización del país.

En un ejercicio inédito, el Senado de la República convocó y se llevó a cabo una muy amplia discusión sobre la situación actual y el desarrollo de la industria, que permitió su análisis y el que se hicieran planteamientos desde diferentes visiones políticas, técnicas y económicas. Ese intenso y profundo debate, que se dio de cara a la opinión pública, contribuyó de manera decisiva para dar solidez técnica, económica, política y de prospectiva a las discusiones del Poder Legislativo y finalmente a las decisiones que tomó para reformar leyes existentes o emitir nuevas disposiciones en materia de petróleo.

Los logros de este ejercicio se dieron en dos sentidos, uno, el retroceso que se impidió al mantener como exclusivo de la Nación, el manejo de las áreas estratégicas de la industria petrolera y el que haya quedado cancelada la posibilidad de autorizar la celebración de contratos de riesgo en el caso de la exploración y explotación de nuevos yacimientos, y dos, los avances que contiene la nueva legislación, que concede mayor autonomía presupuestal y de gestión para Petróleos Mexicanos, así como la modernización de su diseño institucional, que mejora la transparencia de su administración y flexibiliza su sistema de contratación de obra pública, servicios y adquisiciones.

Entre los logros alcanzados debe también resaltarse la obligación que se establece para formular planes de mediano y largo plazos para el desarrollo del sector energético, encomendándose al Consejo Nacional de Energía, creado por la nueva legislación, la elaboración de una Estrategia Nacional de Energía para un horizonte de quince años, que deberá aprobar el Congreso a más tardar en febrero del 2010, instrumento que deberá estar complementado con las actividades de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, igualmente de reciente creación, a la que se encarga regular y supervisar la exploración y explotación de los hidrocarburos, y con el Plan de Negocios de Pemex, que este organismo debe presentar para un período de cinco años, revisable y en su caso ajustable, al igual que la Estrategia, año con año.

La importancia de estas disposiciones radica, entre otras cosas, en que mandata la ley la formulación de planes de desarrollo para la industria energética, de conocimiento general y de cumplimiento obligatorio para el sector público, sobre cuya ejecución tendrá éste que rendir cuentas.

El Consejo Nacional de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y el Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos con su nueva integración, de acuerdo a las funciones que les impone la ley, deberán así dar las bases y producir en los plazos debidos los planes de desarrollo de la industria petrolera, que habrá que cuidar estén acordes con los intereses del país en general y en particular, entre otras cuestiones, con prolongar la vida de las reservas lo más posible y con lograr una transición energética en condiciones no traumáticas para el país. Habrá entonces que seguir con atención tanto la formulación como le ejecución de estos planes, que de no cumplirse tiempos y objetivos o desviarse éstos, habrá que denunciarlo con oportunidad y con fuerza. Esta es una obligación más de carácter patriótico para el sector progresista, en el que se ubican los egresados politécnicos, que surge de la nueva condición de la industria petrolera.

Quedan otros pendientes, a los que también habrá que prestar atención: facultar al Congreso para que determine las plataformas anuales de explotación y exportación de hidrocarburos, base de todo sistema de planeación, fomentar la reactivación de la industria petroquímica para racionalizar el aprovechamiento del recurso e impulsar la industrialización, iniciar las negociaciones con los gobiernos extranjeros que permitan establecer las condiciones de explotación de los yacimientos transfronterizos y establecer la prohibición específica de que se contraten trabajos de exploración y explotación en el esquema de bloques o áreas exclusivas sin precisar montos de obra por ejecutar y los tiempos correspondientes.

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No podemos desentendernos que esta reunión se realiza cuando México se encuentra inmerso en una profunda y grave crisis, que ciertamente llegó y pegó desde fuera, que ya ha provocado, entre otros efectos, la caída estrepitosa del valor de nuestra moneda, la pérdida oficialmente reconocida de más de medio millón de empleos formales, una disminución en el ritmo del crecimiento económico que puede significar este año un decrecimiento en el orden de un 4% respecto al producto interno bruto, el cierre o baja en el ritmo de trabajo de plantas automotrices, y la presencia ilegal de una autoridad extranjera en el capital accionario de uno de los bancos comerciales más importantes.

El 8 de octubre pasado el gobierno hizo los primeros anuncios de las medidas que empezaría a tomar para contrarrestar los efectos negativos de la crisis: una inversión en obras de infraestructura a realizarse a lo largo del 2009, con un monto adicional al inicialmente considerado en la propuesta de presupuesto de egresos, de 53 100 millones de pesos, equivalentes al 1% del producto interno bruto, más 12 mil millones para dar comienzo a la construcción de una refinería de petróleo y la transferencia de los créditos que Petróleos Mexicanos fue obligado a contraer en el esquema de pidiregas a deuda pública del propio Pemex. Son medidas que, efectivamente, de ponerse en práctica, lo que aun no se percibe, contribuirán a paliar los efectos negativos de la crisis, pero, objetivamente, resultan insuficientes ante la magnitud de sus efectos, que se están ya resintiendo.

Hace falta, además de lo anterior, una política específica que permita recuperar las capacidades productivas del campo y elevar substancial y sostenidamente los niveles de vida de su población, hace falta una mayor inversión en obra pública generadora de empleos, como pueden ser la rehabilitación y mejoramiento de la infraestructura de los distritos de riego, la construcción de caminos rurales y de bordos para la captación de agua para la ganadería y la agricultura en pequeñas extensiones, la reparación de escuelas y hospitales, hace falta tomar medidas que protejan el empleo existente, hace falta la protección y el estímulo a la micro, pequeña y mediana empresa, hace falta una regulación del sector financiero que impida la salida indiscriminada de divisas, como ha estado sucediendo desde que se reconoce la existencia de la crisis, que en alta proporción bien puede suponerse han ido a fortalecer las finanzas de las matrices extranjeras de la banca local, en fin hace falta, en la caso particular de Banamex, que se haga valer la Ley Bancaria que en su artículo 13 dice: “No podrán participar en forma alguna en el capital social de las instituciones de banca múltiple personas morales que ejerzan funciones de autoridad”, disposición que se refuerza con lo que establece el Acuerdo de libre comercio de América del Norte, al fijar en sus reservas que “Las entidades extranjeras que ejerzan funciones de autoridad gubernamental no pueden intervenir, directa o indirectamente, en una institución de crédito (banco comercial)”, que “Los gobiernos extranjeros y las empresas estatales no pueden intervenir directa o indirectamente en sociedades controladoras” y que, en ambos casos, “La eliminación gradual de estas disposiciones es nula”.

Es decir, que desde el momento en que el gobierno de los Estados Unidos se hizo de un paquete accionario y en consecuencia socio de Citigroup, propietario de Banamex, la propiedad de esta institución debió considerarse correspondía al Estado mexicano y éste debiera haber asumido, de inmediato, en concordancia con nuestras leyes, el control y manejo de esa institución. Ninguna otra solución es o será legalmente válida para Banamex en su situación actual, que es ya parte integrante del patrimonio de la nación, si no pasa antes por el control absoluto del Estado mexicano. No cabe el incumplimiento de la ley. La crisis norteamericana, circunstancialmente, está abriendo la extraordinaria oportunidad para que empiece a reconstruirse y cobre vitalidad una banca comercial realmente mexicana, y es responsabilidad de los Poderes del Estado se aproveche esta oportunidad, simplemente cumpliendo y haciendo cumplir lo que marca la ley vigente.

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Agradezco, amigos egresados politécnicos, la oportunidad de dirigirme a ustedes y de hacer el día de hoy, teniendo en mente la gesta del 18 de marzo de 1938 y las contribuciones del Instituto Politécnico Nacional al desarrollo de la industria petrolera, un recuerdo cariñoso de Amalia Solórzano y de Lázaro Cárdenas, con quienes tenemos la deuda de mantenernos en el esfuerzo de construir un México cabalmente soberano, generoso con gente.