Pronunciamientos

La iniciativa Sensenbrenner, toma de conciencia social y movilización popular


27 de Marzo de 2006

Cuauhtémoc Cárdenas


Las relaciones más importantes, los intercambios más valiosos entre México y los Estados Unidos los constituyen las relaciones humanas directas: un millón de personas de ambas nacionalidades que cruzan diariamente las fronteras, gente que viaja por negocios, trabajo, placer, familias que radican de ambos lados de la frontera, y de todas, la más importante sin lugar a dudas, es la relación laboral que provoca el flujo migratorio más intenso hacia los Estados Unidos, uno de los flujos migratorios más importantes en el mundo.

La migración constituye entonces el problema humano más serio y complejo compartido por las dos naciones, lo que hoy puede verse claramente, por una parte, en las importantes discusiones públicas sobre el tema que han tenido lugar recientemente con la participación de personas e instituciones relevantes en la vida de ambos países, y por la otra, en las impresionantes movilizaciones populares que el problema está generando a lo largo y ancho de la nación norteamericana.

En meses recientes, se presentaron en el Congreso norteamericano por lo menos tres iniciativas trascendentes relacionadas con la población migrante, que tendrán fuertes impactos se aprueben o no finalmente: la iniciativa McCain-Kennedy en el Senado, y la Kyl-Corin y la Sensenbrenner en la Cámara baja. En cuanto se aprobó esta última el pasado diciembre, hubo reacciones en ambos lados de la frontera. En México la migración y la barrera fronteriza se volvieron puntos centrales de la discusión política: el Presidente Fox, cuando supo que la Cámara de Representantes había aprobado la construcción de una barda de setecientas millas de longitud –mil ciento cincuenta kilómetros- a lo largo de la frontera, declaró que era “una señal de confianza que el año próximo (esto es, el 2006) se llegaría a un acuerdo migratorio con los Estados Unidos” (un sueño desde el principio de su mandato y una señal que todo mundo vio en sentido contrario).

La iniciativa Sensenbrenner constituye un planteamiento fascista, agresivo, racista, inhumano e irreal, que propone extender y reforzar las bardas existentes en la frontera, considerar como delincuentes de ocho a once millones de mexicanos, más otros más de otras nacionalidades, que trabajan y residen en aquel país, rechazar la posibilidad de legalizar la estancia de extranjeros que entraron irregularmente a Estados Unidos, considerar un delito y no sólo una falta civil la entrada irregular al país, considerar delincuentes a quienes presten ayuda a inmigrantes irregulares y establecer la obligación a empleadores de verificar la situación legal de sus empleados potenciales.

Por otra parte, sectores interesados –grupos anti-inmigrantes y pro belicistas- han querido ver el problema migratorio como una parte del problema de terrorismo, sin querer aceptar que se trata de asuntos diferentes, que deben ser enfrentados de maneras distintas, con medios distintos y en distintos ámbitos.

Los problemas de terrorismo de los Estados Unidos nada tienen que ver con las variadas e intensas relaciones que tiene con México o con el hecho de compartir una frontera común. El terrorismo surge de la inequidad en las relaciones internacionales, las asimetrías en el desarrollo, la injusticia social y la falta de educación, de la opresión y la falta de democracia. Y las amenazas del terrorismo no desaparecerán por restringir o hacer más dura la rica y variada relación existente entre México y los Estados Unidos, sino cuando exista un orden mundial equitativo y cuando en los ámbitos nacionales los sistemas igualitarios y democráticos sean los prevalecientes.

Estados Unidos necesita trabajadores inmigrantes que llegan de todo el mundo, y como bien se sabe, alrededor de medio millón cada año de México. La vida económica y social norteamericana se paralizaría con su ausencia y sin su contribución.

La entrada irregular de mexicanos a los Estados Unidos es consecuencia de una economía estancada, de la creciente polarización social, de la pérdida de fuentes de empleo y el crecimiento exponencial de la desocupación, del abandono por parte del Estado mexicano de sus responsabilidades sociales, y encontrará soluciones definitivas al través de medidas específicas, muy distintas de aquellas consideradas para combatir el terrorismo, algunas aplicadas en los Estados Unidos por sus autoridades y su sociedad, otras en México por mexicanos, y otras más compartiendo responsabilidades en las decisiones y en la instrumentación en uno o el otro lado de la frontera. Y debemos estar muy claros que la colaboración de ambas partes resulta indispensable para dar solución equitativa y definitiva a esos problemas.

Debe empezarse por enfrentar la realidad, enfocándose en el paso irregular de medio millón de mexicanos anualmente a los Estados Unidos y en la presencia de ocho a once millones de mexicanos, que las autoridades norteamericanas consideran como inmigrantes ilegales en el país.

Los mexicanos que se ven forzados a salir del territorio nacional por falta de oportunidades y cruzan irregularmente la frontera, sin duda preferirían ganarse la vida en México y sostener aquí a sus familias. Se deben crear empleos en México para ellos si no se quiere que emigren. Hace doce años entró en vigor el Acuerdo de libre comercio de América del Norte. Desde que se estaba negociando propuse un acuerdo no sólo sobre libre comercio y no sólo entre los tres países de Norteamérica, sino un acuerdo de desarrollo que involucrara a todos los países del continente, esto es, con un enfoque mucho más amplio y considerando la creación y utilización de mecanismos como los fondos de inversión para disminuir las asimetrías sociales y fomentar el desarrollo. Sigo creyendo que este sería el camino para construir una relación mucho más equitativa entre las naciones de nuestro continente, y un camino también para reducir y finalmente detener la migración irregular, abriendo y ofreciendo oportunidades en cada uno de nuestros países para los nacionales de cada país.

Por otra parte, como ya se ha dicho, se tiene una estimación de ocho a once millones de mexicanos inmigrantes irregulares que trabajan y viven en el país vecino. ¿Cree realmente el Representante Sensenbrenner o alguien con los pies en el suelo, que es posible identificar como delincuentes y expulsar o deportar a esos millones de personas, a esos millones de trabajadores de los Estados Unidos? ¿Qué sería necesario hacer en materia de mano de obra y de legislación para encontrar e identificar a esos inmigrantes calificados de delincuentes, para concentrarlos en qué partes, para organizar su deportación, cuantos autobuses, trenes, aviones serían necesarios para sacarlos del país, cuanto tiempo tomaría, cómo y por quienes serían substituidos en lo que hacen de útil y beneficioso para aquel país?

Sin embargo, a pesar de lo fascista e irrealizable, de algún modo debemos agradecer su iniciativa al Representante Sensenbrenner, pues ha disparado acciones verdaderamente importantes y positivas. Millones de personas han tomado conciencia y se están movilizando por todos los Estados Unidos contra una propuesta injusta e inhumana, que vulnera los derechos de millones de personas, demandando reconocimiento y brindando solidaridad a los inmigrantes que trabajan por el progreso y en beneficio de su país.

Cien mil personas se manifestaron en Chicago, más de medio millón en Los Ángeles, ochenta mil en Atlanta, miles en Denver, Milwaukee, Washington, Phoenix y muchas ciudades más, lo que hizo que el Presidente Bush, el pasado 26 de marzo, urgiera al Congreso para que aprobara una amplia reforma migratoria y reconociera que “[nadie]debe pretender que los inmigrantes son una amenaza para la identidad de Estados Unidos, porque los inmigrantes han modelado la identidad de este país”. Así, puede verse, la movilización popular en solidaridad con los trabajadores migrantes empieza a rendir resultados. La iniciativa Sensenbrenner, dados los efectos positivos que está generando, será seguramente derrotada.

Esperemos que el Congreso, las autoridades y la sociedad estadounidenses enfrenten y manejen las cuestiones migratorias con equidad, sensibilidad social y realismo, y lleguen así a soluciones definitivas. Ningún problema va a resolverse extendiendo y construyendo cercos metálicos más altos y reforzados, dificultando el paso de la frontera, aumentando el número de agentes de la Patrulla Fronteriza, o dejando a los minutemen sueltos y protegidos por la impunidad.

Americanos y mexicanos –autoridades, legisladores, académicos, organismos civiles, partidos políticos- deben sentarse juntos para discutir, reunir información, escuchar a todas las partes involucradas en el problema y todo tipo de opiniones, y pensar juntos muy seriamente, con la firme decisión de encontrar soluciones realistas, integrales y equitativas a los problemas de la migración irregular.


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