Conferencias

Primera cumbre de comunidades migrantes latinoamericanas y del caribe


10 de Mayo de 2007

Cuauhtémoc Cárdenas


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Quiero, en primer lugar, felicitar a todos los presentes y a las organizaciones que representan por haber hecho realidad esta Primera Cumbre de Comunidades Migrantes Latinoamericanas y del Caribe. Se trata de un hecho inédito hasta ahora, que muestra una amplia toma de conciencia y la voluntad de millones de migrantes de los distintos países de nuestro continente para trabajar unidos con el objetivo de hacer valer sus derechos y buscar mejores oportunidades de vida y desarrollo. Constituye por ello un gusto y una alta distinción para mi, saludarlos y dirigirme a ustedes hoy, precisamente aquí, en Morelia.

Viven en dos patrias, cada quien por sus propias razones, pero una gran mayoría comparte el estar allá porque aquí se les cerraron las oportunidades. Viven en dos patrias, aman a ambas, en ambas tienen raíces, a ambas las sirven con su trabajo, su empeño y su creatividad, ambas las tienen siempre presentes, en las dos al mismo tiempo están haciendo algo provechoso y quieren seguirlo haciendo, y para ello deben crearse, con esfuerzos allá y aquí, las mejores condiciones.

Lo que se deba hacer aquí, es distinto de lo que se deba hacer allá. Las condiciones de la lucha y del esfuerzo son diferentes en uno y otro lado, aun cuando, al final de cuentas, los objetivos sean coincidentes: abrir oportunidades de vida digna y de bienestar, respeto a los derechos de la gente, brindarse apoyo y solidaridad para salir todos adelante.

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Las administraciones mexicanas del último cuarto de siglo apostaron a las políticas del neoliberalismo y en particular al Acuerdo de libre comercio de América del Norte,como panacea para resolver los problemas de crecimiento y competitividad de la economía, creación de empleos y mejoramiento social, sin instrumentar en paralelo acciones complementarias, necesarias y posibles, con lo que en todo este tiempo la situación económica y social del país se ha deteriorado y retrocedido gravemente.

En 1983, por ejemplo, de cada dólar exportado, 88 centavos correspondían a insumos nacionales –trabajo, servicios, materias primas, partes, componentes-, en 1994 esa cifra cayó a 42 centavos y hoy quizá no llegue a 25.

En el 2000 las exportaciones mexicanas alcanzaron su máximo histórico, que es también el máximo logro mexicano del Acuerdo de libre comercio: llegaron a 166 500 millones de dólares. En 2003 mostraron una pequeña disminución de 0.7%; si se excluye al petróleo, esa cifra se eleva a 2.2%, y si no se consideran las exportaciones de las maquiladoras, dado que se trata principalmente de transacciones internas de las correspondientes corporaciones, nos encontramos que las exportaciones mexicanas cayeron 17% entre 2000 y 2003. O sea, que la realidad es que la economía mexicana propiamente dicha, no ha crecido ni se ha desenvuelto.

Hoy bien puede decirse que el acuerdo está agotado y que dio todo lo que podía dar, de modo que el gobierno mexicano debiera plantear a sus dos socios en el mismo la firma de un addendum trilateral de cooperación, que comprometiera a las tres partes en un esfuerzo de cooperación no sólo en materia de comercio, sino también en cuestiones sociales, de producción e infraestructura, con el objetivo principal de eliminar las diferencias sociales y las asimetrías económicas, mediante la creación, entre otros, de mecanismos como los fondos especiales de inversión para el desarrollo –siguiendo el ejemplo europeo- para hacer realidad nuevas políticas.

Pero tratando de encontrar una solución definitiva y duradera a la relación económica de nuestro país en el continente, recordaría la propuesta que hice cuando se estaban celebrando las negociaciones del acuerdo, allá por 1990-1991, de un acuerdo no sólo de libre comercio y no sólo entre las tres naciones de América del Norte, sino un acuerdo de desarrollo que involucrara a todas las naciones de nuestro continente, esto es, con un enfoque mucho más amplio y considerando la creación y utilización de mecanismos como los fondos de inversión para reducir asimetrías sociales y económicas y promover el desarrollo, un compromiso o carta social que incluyera los derechos y condiciones laborales, y un compromiso integral sobre cuestiones ambientales. Creo todavía que ese sería el mejor camino para construir una relación mucho más equitativa entre las naciones de nuestro continente y una vía para reducir hasta eliminar la migración irregular, para abrir y ofrecer oportunidades en cada país, a todos sus habitantes.

Lograr que en México se pongan en prácticas políticas públicas que tengan como prioridad el bienestar de la población, que generen un crecimiento económico sostenido en el largo plazo, creen empleos en número suficiente, favorezcan el arraigo de nuestros trabajadores en suelo nacional y creen condiciones de equidad en las relaciones internacionales, es tarea prioritaria para quienes estamos de este lado de la frontera.

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México y Estados Unidos comparten una frontera de 2000 millas de largo y desarrollan relaciones de una gran diversidad. La relación más valiosa y podemos agregar, el intercambio más valioso entre ambos países, es la relación humana directa: un millón de americanos y mexicanos cruzan diariamente nuestras fronteras, gente que viaja por negocios o placer de un país al otro, familias que viven en ambos lados de la frontera y, la más importante, la relación laboral que provoca el flujo migratorio más intenso de aquí hacia allá, y constituye uno de los flujos migratorios más importantes en el mundo.

Al menos tres millones de mexicanos han cruzado la frontera en la última década para trabajar, y la mayor parte de ellos para establecerse permanentemente, en los Estados Unidos. La población de origen mexicano en el país vecino alcanza los 25 o 27 millones, que envían más de 20 000 millones de dólares como remesas a México, uno de los hechos más indicativos, vergonzosos y preocupantes de la situación social de México, pues muestra la incapacidad y la falta de voluntad de nuestros últimos gobiernos para resolver en México, los problemas de vida de millones de mexicanos.

La migración irregular de mexicanos hacia los Estados Unidos, en estos últimos tiempos, es consecuencia de una economía estancada por ya un cuarto de siglo, de una creciente polarización social, del cierre de fuentes de empleo y el consecuente crecimiento exponencial de la desocupación, del abandono de las responsabilidades sociales del Estado mexicano y sólo encontrará soluciones definitivas al través de medidas específicas, algunas para aplicarse en los Estados Unidos por las autoridades y los ciudadanos norteamericanos, otras, en México, por mexicanos, y otras más compartiendo responsabilidades en la toma de decisiones y en su instrumentación en uno y otro lado de la frontera.

La migración laboral es, entonces, el problema humano más serio y complejo que comparten México y los Estados Unidos, lo que hoy puede verse claramente, por una parte, en las muy relevantes discusiones públicas sobre el tema en ambos lados de la frontera, con la participación de gente muy importante y de instituciones fundamentales en la vida de los dos países, y por la otra, en la movilización popular que está teniendo lugar en los Estados Unidos en favor de los derechos de los inmigrantes, movilización de la que ustedes han sido indiscutiblemente parte vital para lograr lo más importante, que ha sido y es sumar a amplios sectores de la sociedad norteamericana a la causa justa de los migrantes.

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Hace unas semanas, al visitar Mérida, el Presidente Bush declaró que los problemas de la migración irregular deben enfrentarse con objetividad, que cualquier medida que pretendiera la expulsión de los migrantes irregulares –se trata de 10 o 12 millones por lo menos- carecería de realismo; que por otro lado, tampoco podía pensarse en decretar, de acuerdo a la terminología americana, una amnistía para regularizar a toda la inmigración irregular, pero que ésta o una medida similar tendría que irse adoptando, por pasos sucesivos, para la regularización de inmigrantes, lo que deja ver que hay conciencia ya, cada vez más amplia, que el problema de la migración irregular debe tener atención y solución política y legal en los Estados Unidos.

No existe aun, ciertamente, una propuesta que represente una solución integral y definitiva al problema, pero esas declaraciones del Presidente Bush y la discusión que está abierta en relación a una ley que probablemente antes de las próximas elecciones del 2008 vote el Congreso americano para reglamentar la migración irregular, dejan ver, como quiera que sea, un avance respecto a posiciones oficiales anteriores y representan una contrapropuesta a iniciativas discriminatorias, fascistas, racistas, como la Sensenbrenner, que, no puede desconocerse, muy en contra de sus intenciones, dispararon acciones muy importantes y positivas en los Estados Unidos, de las que ustedes han sido actores decisivos, al lograr que millones de personas tomaran conciencia y se movilizaran por todo el país en rechazo a esas iniciativas inhumanas y agresivas y para demandar reconocimiento y solidaridad con los inmigrantes, cuyo trabajo contribuye de manera decisiva al progreso y beneficio del país que los ha acogido.

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Es probable que en unos meses se apruebe en el Congreso norteamericano la ley migratoria. Será, por lo que ahora puede verse, una ley limitada, con alcances distantes de las demandas de los migrantes, distantes de la ciudadanización a la que se aspira, pero será un avance y organizaciones como las que ustedes representan deben irse preparando para aprovechar los logros que se alcancen y a partir de ellos impulsar nuevos avances.

En toda esta promoción de nuevas leyes y de fortalecimiento de sus organizaciones debe quedar claro -y así buscar hacerlo ver tanto a las autoridades como a la sociedad en los Estados Unidos-, que si de verdad se quieren encontrar soluciones efectivas a los problemas que plantea la migración en ambos lados de la frontera, debe entenderse y aceptarse, entre otras cosas y en contra de los intereses creados de grupos anti-inmigrantes y belicistas de los Estados Unidos, que la inmigración irregular, la seguridad fronteriza y la lucha contra el terrorismo no constituyen un mismo problema, sino que se trata de problemas distintos, que deben enfrentarse de maneras diferentes, con medios diferentes y en diferentes ámbitos.

Los problemas de terrorismo en Estados Unidos nada tienen que ver con la diversificada e intensa relación que ese país tiene con México o con problemas específicos de nuestra vecindad. El terrorismo surge de la inequidad en las relaciones mundiales, de las asimetrías en el desarrollo, de la injusticia social y de una educación deficiente, de la opresión y la falta de democracia. Las amenazas del terrorismo no desaparecerán por restringir o hacer más difícil la rica y variada relación existente entre México y Estados Unidos, sino cuando exista un orden mundial equitativo y sistemas nacionales igualitarios y democráticos sean los que prevalezcan, y debe hacerse un gran esfuerzo para que todo mundo entienda que las relaciones entre ambos países sólo van a complicarse, si la política que se aplica es la de extender y hacer más altas las bardas metálicas a lo largo de la frontera común, la de dificultar su cruce, elevar el número de agentes de la Patrulla Fronteriza o peor aun, la de dejar manos libres y proteger con la impunidad a asesinos como los minutemen.

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Entre los migrantes en los Estados Unidos deben distinguirse aquellos que están con su situación migratoria regular y aquellos que guardan una situación irregular en el país. Las problemáticas que enfrentan son diferentes y es distinta la forma como se han integrado o están integrándose a la vida del país vecino. En el primer caso, más allá de las dificultades y sacrificios del pasado, la integración se da principalmente a partir de la actividad laboral. En el segundo caso también, pero teniendo siempre pendiente el riesgo de expulsión y con los derechos laborales y humanos disminuidos y en no pocos casos franca y violentamente atropellados y vulnerados.

Los migrantes en ambas condiciones contribuyen de manera determinante, con el producto de su trabajo y de su ingenio, con los impuestos que pagan, con sus aportes a la cultura del país que los ha recibido, al progreso indiscutible de éste, lo que no siempre es reconocido por las fuerzas dominantes de la vida política, social y cultural del país, por lo que los migrantes, particularmente los que tienen resuelta ya su condición migratoria, en solidaridad hacia los demás, deben multiplicar sus esfuerzos para hacer ver y convencer a quienes aun se resisten a aceptarlo, de lo valioso de la contribución que los migrantes de toda condición dan a los Estados Unidos y que esa contribución debe merecer el reconocimiento general y la retribución debida en legalización de su situación y en condiciones laborales y servicios sociales equivalentes a los de los trabajadores norteamericanos.

Por otro lado, allá y aquí, habrá que redoblar el esfuerzo para que la acción diplomática y consular del gobierno mexicano pueda intensificarse y llegue con la mayor amplitud posible a las autoridades y a la sociedad, para lograr la mejor defensa y promoción de los derechos e intereses de los mexicanos que trabajan y residen en los Estados Unidos.

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Hago votos por todos los éxitos de esta Primera Cumbre, que no deben quedarse en Morelia, sino reflejarse con fuerza en los centros de decisión de Estados Unidos y de México.

Y viendo hacia delante, ¿por qué no pensar en llevar las conclusiones de esta Cumbre a Washington y hacerlas conocer, por otro lado, a las principales comunidades de mexicanos en los Estados Unidos? ¿Por qué no pensar en reuniones, ahora en los Estados Unidos, en las que estén presentes ponentes de Morelia y las organizaciones aquí participantes para seguir avanzando?

En fin, que sea ésta la primera de muchas cumbres y el paso para muchos éxitos del migrante en su lucha por la igualdad y el progreso, en la lucha por conquistar la libertad de tránsito, de trabajo y de residencia para todos, así como se ha ganado ya el libre tránsito de productos en prácticamente todo nuestro continente.


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