Conferencias

Congreso “Cárdenas y el exilio español en México”.


Octubre 2005

Cuauhtémoc Cárdenas


Este Congreso “Cárdenas y el exilio español en México” es parte del amplio y sentido homenaje que en estos días se rinde aquí, en España, a México y a Lázaro Cárdenas por haber tendido la mano, en días aciagos para este país, a miles de españoles a los que el pueblo mexicano les ofreció las oportunidades de vida en una nueva patria.

Lázaro Cárdenas se formó en una revolución, la Revolución Mexicana, a la que se sumó desde muy joven y entendió como el movimiento de las grandes reivindicaciones populares y nacionales. Se identificó con sus ideales de libertad, soberanía y progreso, humanistas y generosos, y se movió a lo largo de su vida de acuerdo a sus principios. Un hombre congruente consigo mismo, consciente de sus compromisos, que se sabía parte del movimiento social de su pueblo, fue el Presidente de México que encontraron en su nueva tierra los exiliados españoles.

Ofrecerles nuevos horizontes, brindarles solidaridad, recibirlos con cariño fue el gesto surgido de las convicciones íntimas de quien tomó la decisión de abrir México a los perseguidos, y fue también su proceder de acuerdo a los principios y compromisos de solidaridad humana de la Revolución Mexicana y a su identificación con la causa republicana de España.

Fue pues México, su Presidente, sus revolucionarios de entonces, los que recibieron a los españoles que en su exilio se hicieron para siempre mexicanos, sin dejar nunca de ser españoles.

* * *

Entre el exilio republicano y México hay gratitudes mutuas. Recibieron y dieron los españoles; recibió y dio México. En ambos casos y en los dos sentidos, se dieron y recibieron generosidad, amistad y solidaridad, y se encontró una clara y fraterna identidad.

El caso del exilio republicano español que llegó a México, resulta de excepción en la historia de estos tiempos y en la historia que comparten nuestros pueblos. Otras migraciones han llegado a España y a México en distintas épocas, más remotas o más recientes, por causas políticas o económicas. Ninguna tan numerosa, en tan corto tiempo, de un continente a otro, ninguna tan distante entre el lugar de procedencia y el de destino, ninguna tan cercana en sentimientos e identidades con el pueblo que la acogió, tan común con éste en sus luchas emancipadoras y en sus esfuerzos de progreso, caracterizados, en ambos lados del océano, por el ideal humanista y los compromisos libertarios. Eran luchas con ideales comunes las que libraban entonces los pueblos de España y de México. Por eso su fácil entendimiento. Por eso la fusión del exilio republicano con México y lo mexicano.

“¿El motivo por el que ayuda México a España?” se preguntó Lázaro Cárdenas en sus apuntes personales, y se respondió: “Solidaridad a su ideología”1-*-.

Quizá por la condición especial de ese exilio y el recibimiento cordial que encontró por parte del pueblo de México y de otros pueblos latinoamericanos, es que al volver a España María Zambrano escribiera: “Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria, o como una dimensión de una patria desconocida, pero que una vez se conoce, es irrenunciable… confieso que me ha costado mucho trabajo renunciar a mis cuarenta años de exilio, mucho trabajo, tanto que sin ofender, al contrario, reconociendo la generosidad con que Madrid y toda España me han arropado, con el cariño que he encontrado en tanta gente de vez en cuando me duele, no, no es que me duela, es una sensación como de quien ha sido despellejado, como San Bartolomé, una sensación ininteligible, pero que es.
“Creo que el exilio es una dimensión esencial de la vida humana, pero al decirlo me quemo los labios, porque yo querría que no volviese a haber exiliados, sino que todos fueran seres humanos y a la par cósmicos, que no se conociera el exilio.
“Es una contradicción, que le voy a hacer, amo mi exilio, será porque no lo busqué, porque no fui persiguiéndolo. No, lo acepté; y cuando se acepta algo de corazón, porque si, cuesta mucho trabajo renunciar a ello”2-**-.

El exilio fue producto de una derrota militar, de una guerra desatada por el fascismo internacional que lanzó su poderío en apoyo de la reacción interna, que no toleraba perder privilegios con la salida de España de la Edad Media para florecer en un régimen de igualdad y libertades. Triunfó el fascismo internacional también, por la miopía y pusilanimidad de las potencias coloniales de entonces, sacrificando no sólo a los pueblos de España, sino abriendo el paso para que se ensangrentara el mundo, incluyendo a sus pueblos, los de las propias potencias coloniales.

Pero los exiliados republicanos que partieron hacia México, a pesar de un destino incierto y de ir hacia lo desconocido, viajaron con el ánimo y el orgullo muy en alto. Durante la primera travesía del Sinaia, cargado de refugiados, navegando por el Atlántico, se lee en el periódico que se editaba a bordo: “Circulan unas píldoras contra el mareo, también debieran circular píldoras contra la nostalgia… Ni las condiciones sufridas deben ser ya motivo para continuarlas imaginativamente, sufriendo, ni todo aquello que hubimos de abandonar debe amontonarse –lacrimoso- ante nosotros para entorpecer nuestra marcha. Fatigas y goces pasados deben convertirse en estímulo, o dejemos libre el paso. Estamos recorriendo un paréntesis vacío entre dos vidas. Hay que recorrerlo cantando, con el mejor equipaje posible de recuerdos. De la vida anterior sólo debemos conservar lo que verdaderamente sea el germen, levadura, en la segunda vida. No, no es tiempo de brumosas nostalgias sino de duros propósitos. No de desfallecimientos sino de ímpetus. Lo perdido en bienes materiales, de otra índole, de seguro lo hemos ganado en experiencia, en madurez, en hombría. En grandeza de alma. Y ésta la debemos reflejar en el tono general –exterior o interior- de nuestra vida.

“Que ya no podrá ser frívola, puesto que por ella ha pasado la más honda tragedia de la historia española… Estamos representando a España. Debemos salir airosos de la prueba. Nuestro papel es difícil: es el papel de España, de una España que ha perdido sin haber salido de ella”3-*-.

Desde el otro lado del Atlántico, mucho tiempo después, conocidas ya muchas de las valiosas contribuciones del exilio a México, al recordar ante españoles republicanos en México la promulgación de la Constitución de la República, el 14 de abril de 1957, Lázaro Cárdenas les expresó: “Y México, nuestra patria, abrió sus fronteras para recibir a los perseguidos, hombres, mujeres y niños, no sólo por sentimiento, sino cumpliendo también con los principios, para nosotros siempre inviolables, del derecho de asilo.
“Y al llegar ustedes a esta tierra nuestra, entregaron su talento y sus energías a intensificar el cultivo de los campos, a aumentar la producción de las fábricas, a avivar la claridad de las aulas, a edificar y honrar sus hogares y a hacer, junto con nosotros, más grande a la nación mexicana. En esta forma, han hecho ustedes honor a nuestra hospitalidad y a nuestra patria”4-**_.

“México fue así condición y escenario del comienzo de la reconciliación de las Españas”5-***-, dijo Felipe González hace poco más de dos décadas en una visita que hiciera a México. Y esta es, quizá, no una sino la principal de las aportaciones que diera México para corresponder a España por los bienes que le llevó el exilio republicano, que desde el primer momento se volvió de dos patrias y dos amores.

Se tiene en algunos la impresión que el exilio republicano que llegó a México estuvo compuesto sólo por intelectuales, profesionales, artistas, científicos, y sin duda el contingente de éstos fue de suma importancia, porque fue numeroso y de una muy alta calidad su contribución en el aula, la cátedra, la investigación, la expresión artística, la expansión del pensamiento y el desarrollo de la economía. Pero en los 20, 25 o 30 000 españoles que formaron el exilio republicano, adultos y niños, llegaron a México, los más, trabajadores del campo, la fábrica y el taller, que introdujeron nuevos cultivos o mejoraron los existentes, que aportaron mejores técnicas de trabajo o practicaron oficios novedosos, que se fundieron, al igual que los demás, con el país y su gente, y que sus contribuciones a México fueron tan valiosas como las de quienes se desenvolvieron en campos más públicamente reconocidos, aunque sus nombres no hayan llegado a la memoria pública y se conserven más que nada, en el recuerdo y el cariño de su prole mexicana.

Desde que estallara el conflicto, en México, mexicanos y españoles se alinearon tras de uno u otro de los combatientes. La guerra que se libraba en España dividía a la sociedad, encendía los ánimos y abría heridas también en México. Unos saludaron con gozo y beneplácito el cuartelazo, otros brindaron firme respaldo a la República. Quienes estaban con la legalidad querían la paz, salvar vidas, proteger la cultura. De ahí las iniciativas para
llevar a México a los primeros exiliados: los niños de Morelia y el primer grupo de intelectuales que constituyeron en México la Casa de España.

El primer gran contingente de republicanos exiliados que pisaron tierra mexicana, después de los niños de Morelia, fueron los 1620 pasajeros del Sinaia, quienes el 13 de junio de 1939 desembarcaron en el puerto de Veracruz. Ahí llegó la primera aportación del éxodo masivo que se vio interrumpido en 1942, al estallar y extenderse a todos los continentes la 2ª guerra mundial. Ahí empezó la integración y mexicanización de los exiliados, que llegaron y al mismo tiempo no llegaron a tierra extraña.

El exilio, que se pensó temporal, se hizo permanente. Había la ilusión de un pronto regreso, pero la guerra mundial, primero, y la indecisión de las nuevas grandes potencias frente al régimen franquista al firmarse la paz, y la exoneración de sus crímenes, que eso representó ante la conciencia del mundo la admisión de la España de Franco a la Organización de las Naciones Unidas después, borraron la temporalidad y afirmaron la permanencia de los exilios republicanos.

Los recién llegados, muy pronto, se hallaron en México realizando las mismas actividades que realizaban en España.

La Casa de España, creada por la iniciativa de Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas, que con gran simpatía acogiera el gobierno de Lázaro Cárdenas, a la que llegó un valioso grupo de hombres de cultura y ciencia de España, que constituyó su núcleo fundacional, pronto se transformó y creció como El Colegio de México, hoy, sin lugar a dudas, uno de los más prestigiados centros de cultura del país.

La actividad cultural y artística de los exiliados se reflejó, desde un principio, en las muchas obras –más de dos mil doscientos libros escritos ya en México para 1951, además de pinturas, esculturas, películas, etcétera- que empezaron a producirse en México, en la creación de nuevas casas de edición, en el surgimiento de nuevas librerías, en la contribución al desarrollo de oficios como el de restauración de libros y documentos históricos, tipografía, encuadernación, creación también de nuevas escuelas, en las que niños de ambas patrias empezaron a conocerse y convivir.

Muchos de los recién llegados se incorporaron a la cátedra universitaria y a la investigación en biología, química, derecho, filosofía, matemáticas, así como en muchas disciplinas más. Otros reiniciaron su práctica profesional como médicos, abogados, arquitectos, agrónomos, ingenieros de distintas especialidades. Llegaron también empresarios que volvieron a ser exitosos en su tierra de nueva adopción.

México abrió al exilio y a españoles pensantes, no necesariamente exiliados, oportunidades que en la España de la dictadura se les habían cerrado. Así, editoriales con su matriz en España pudieron publicar en México libros prohibidos por el franquismo. En México también, en la época de la represión más dura, se editaron cerca de 200 libros y

más de 80 ediciones periódicas en lengua catalana, con lo que este idioma sobrevivió en esa época de oscurantismo en España 6-*-.

En el número 1 de Quaderns de l’exili, de septiembre de 1943, se dice que “nunca antes de 1939 se había remarcado con tanta insistencia que la lengua era la patria… para un catalán la persistencia del idioma era la médula de la nacionalidad”. Albert Manet por su parte, autor de La literatura catalana a l’exili declaró que desde 1939 hasta cerca de los años sesenta, “en México se mantuvieron vivas la cultura y la lengua catalanas mientras en Catalunya eran inexistentes”7-**-.

Mucho ha sido lo que el exilio republicano español ha dado a México, no sólo en el tiempo que corre de 1939 a 1977, sino hasta hoy, pues si bien las relaciones diplomáticas estuvieron canceladas en aquel período, las de otra índole –culturales, comerciales y, desde luego, afectivas-, de hecho, nunca se interrumpieron. De aquel exilio –y hoy todos deseamos que no vuelva a haber más exilios en el mundo-, que hincó raíces hondas en México, surgió una nueva nacionalidad, que es dos en una, la del español-mexicano o mexicano-español, que no es ni más español y menos mexicano o más mexicano y menos español, y que tiene y mantiene identidad, compromiso y corazón aquí y allá.

* * *

Este Congreso que hoy se inicia, da continuidad una labor de enorme trascendencia: la recuperación de la memoria de los pueblos de España, que se ocultó temerosa en una larga época y apenas recientemente empieza a resurgir y a expandirse. Este Congreso, por otro lado, contribuye de manera destacada para hacer conciencia de la importancia que para los pueblos tiene la práctica efectiva de la solidaridad humana.

En octubre del año pasado, en el Foro sobre la memoria, celebrado en Madrid, en nota de la Fundación Pablo Iglesias sobre el evento, se expresaba que “a pesar de toda la confusión levantada durante los últimos años en torno a la amnesia colectiva y el olvido de la guerra civil y del franquismo de los que habría estado enferma nuestra sociedad, es lo cierto, sin embargo, que su presencia no ha dejado de estar nunca en la memoria de los españoles”. Se trata, entonces, de una memoria que sólo en la medida en que el pueblo español ha ido ganando confianza en su régimen de libertades, ha ido también atreviéndose a hacerse de nuevo presente y a calar en las conciencias de las gentes o, como bien lo señala la propia nota de la Fundación, “Se trata, lógicamente, más de memorias que de memoria de las cambiantes representaciones del pasado según los sujetos que recuerdan, que de una construcción impuesta y compartida por el conjunto de la sociedad; se trata también de la otra cara de la memoria, de los olvidos y silencios o, más exactamente, de lo que se quiere recordar –y quien quiere recordarlo- y de lo que se ‘echa al olvido’ y por qué”.

Recuperar la memoria de un pueblo no es sólo cuestión de lograr una información clara y precisa sobre acontecimientos del pasado, no es sólo un asunto de aclarar hechos para la educación pública o para la investigación histórica, lo que en si no carece de importancia, pero lo verdaderamente importante de recuperar la memoria de un pueblo sobre su pasado –y en este caso su pasado cercano, pues se trata de la vida de la generación inmediatamente anterior e incluso de los viejos que viven y son parte vital de la generación actual- son las posibilidades que abre y los efectos que tiene sobre la convivencia social de hoy y de mañana.

No faltan en España, ni en México ni en ninguna parte, aquellos que dicen olvidemos el pasado y veamos sólo hacia adelante o lo que es lo mismo, cerremos los ojos a los crímenes del pasado, brindemos la impunidad de la justicia del Estado y de la sociedad, así como la de la historia, a los criminales y que sigan inocentes y culpables cargando con el peso de una interpretación tendenciosa y torcida, o al menos equivocada por desconocimiento, de una historia que de recuperarse las memorias puede hacer que aparezca la verdad en toda su plenitud y se borren así malos entendidos, confrontaciones y responsabilidades mal asignadas.

Lanzarse a la recuperación del pasado en este presente español, que no ha sido fácil, que ha requerido de audacia y decisión, ha permitido que se genere una conciencia colectiva respecto a aquellos hechos que no deben repetirse nunca más. Ha permitido revelar verdades y borrar rencores. Ha permitido el reencuentro de españoles con españoles, el reencuentro de familias, el reencuentro de familias con sus muertos, el que éstos recuperen presencia pública y el que se reparen entuertos.

Ha logrado también que se desencadenen acciones del Estado para compensar a colectividades y a individuos, hasta donde esto es posible después de las muchas décadas transcurridas, por los daños provocados por los conductores de un régimen que trató de aplastar, de borrar y matar también las memorias de un pueblo para, mediante la ignorancia y el olvido de lo sucedido, liberarse de responsabilidades que en su momento pudieran reclamárseles y liberarse también de los juicios de la historia.

Recuperar la memoria está permitiendo que responsabilidades que la sociedad ha venido fincando a instituciones o colectividades, se individualicen, pues no fue la acción institucional por tener esa calidad la que causó males, sino las decisiones tomadas por individuos, por personas con nombres y apellidos, las que hicieron que a partir de las instituciones y por encima de la ley, de la razón y de todo principio de humanidad, se procediera contra los derechos, las libertades y la vida misma de personas, también con nombres y apellidos.

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Quiero aprovechar para agradecer a los organizadores -personas e instituciones- de los homenajes a México y a Lázaro Cárdenas, el que éstos se estén llevando a cabo. Lo hago –creo que puedo hacerlo- en nombre de quienes junto con Lázaro Cárdenas acogieron en México al exilio republicano, en nombre de sus amigos, de su familia y de todos aquellos que al identificarse con sus ideas y su obra dan vida a los principios de solidaridad humana que hicieron del exilio republicano español un lazo de unión y amistad imperecederas entre los pueblos de España y México.

1* Joaquim Ibarz: “Así salvó México la lengua catalana”. “La Vanguardia”. Barcelona. 14 de noviembre de 2004.

2** Joaquim Ibarz: “Así salvó…

3* “El Sinaia”, 28 de mayo de 1939, citado en Concepción Ruiz Funes y Esperanza Tuñón: “Palabras del exilio. Final y comienzo: ‘El Sinaia’”. INAH. México. 1982.

4** Lázaro Cárdenas: “Palabras y documentos públicos”. Vol. 3. Siglo Veintiuno Editores, México. 1979.

5*** Palabras del Presidente Felipe González en México, 4 de marzo de 1983.

6* Anotación correspondiente al 17 de junio de 1937, en Lázaro Cárdenas: “Apuntes”. UNAM. México. 1972.

7** María Zambrano: “Introducción” en “La otra cara del exilio: la diáspora del 39”. Cursos de verano. Universidad Complutense de Madrid. El Escorial. 1989.



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